/ martes 23 de marzo de 2021

La insuficiente SEP

La autoridad educativa de Morelos admite que un 3% de la matrícula de educación básica ha sido marginada del conocimiento por cuestiones que tienen que ver con pobreza, falta de conectividad y hasta cuestiones emocionales; el indicador es muy optimista, considerando que si bien no permanentes, los problemas de conectividad en Morelos han sido constantes; el esfuerzo de los maestros ha sido insuficiente al carecer muchos de ellos de las herramientas técnicas y metodológicas para cursos a distancia; el involucramiento de los padres de familia en el modelo educativo al que obliga la pandemia ha sido limitado; los directivos son insensibles a la realidad del magisterio y se han distanciado de los docentes, alumnos y padres de familia; en general, todos los componentes del hecho educativo están, pero la coordinación para que funcionen adecuadamente bajo la nueva modalidad es insuficiente; y por si no fuera bastante el reto están las rondas de la muerte en las casas y en las aulas.

Cierto que las cosas han mejorado, los maestros aprenden y se preocupan por mejorar sus clases en línea lo que sin duda merece un reconocimiento aparte; pero los resultados de este modelo adaptado a medias y con prisas, no son siquiera cercanos a los que se obtendrían en la educación presencial. El problema no es menor, en tanto a un año del cierre de las escuelas, el déficit de aprendizaje de los alumnos se ha ido acumulando. La SEP asegura que ofrecerá cursos remediales para los 10 mil alumnos que están definitivamente marginados de las clases en línea, ¿y el resto?

Es cierto que los estudiantes de nivel básico aprenden todo el tiempo, el tiempo que dedican a los estudios, y el que emplean para otras actividades que incluyen el juego, son significativos en la formación de conocimientos. En todo caso, lo que se extrañaría es la dirección que la escuela formal puede dar a esos aprendizajes y por supuesto, el carácter civilizatorio de la institución. Porque en la educación presencial los niños aprenden a relacionarse con otros, a formar comunidades, a contrastar y consensuar escalas de valores, a tolerar el pensamiento diverso; valores que son más difíciles de adquirir en casa.

Y por supuesto que padres de familia, maestros y autoridades parecen entender mayormente la gravedad de la circunstancia. La vuelta precipitada a las clases presenciales traería muchos más problemas que soluciones, pondría en peligro la vida de miles de personas lo que es absolutamente inaceptable, y generaría reacciones de temor que pueden devenir en reacciones terribles de docentes y paterfamilias. En todo caso, lo que tiene que señalarse es el error gravísimo en el diagnóstico de la autoridad educativa que sólo está dispuesta a reconocer el rezago de un 3% de la matrícula, cuando los problemas en el aprendizaje, de acuerdo con los propios maestros, son mucho mayores. Hablamos de miles de niños morelenses que no pudieron asistir a clases, que vieron alterada la normalidad de su hogar, que padecieron la pérdida de familiares, amigos de familiares, y algunos hasta de sus maestros, por una enfermedad que aún no acaba de entenderse, el problema es mucho mayor que dar clases remediales a 10 mil niños.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

La autoridad educativa de Morelos admite que un 3% de la matrícula de educación básica ha sido marginada del conocimiento por cuestiones que tienen que ver con pobreza, falta de conectividad y hasta cuestiones emocionales; el indicador es muy optimista, considerando que si bien no permanentes, los problemas de conectividad en Morelos han sido constantes; el esfuerzo de los maestros ha sido insuficiente al carecer muchos de ellos de las herramientas técnicas y metodológicas para cursos a distancia; el involucramiento de los padres de familia en el modelo educativo al que obliga la pandemia ha sido limitado; los directivos son insensibles a la realidad del magisterio y se han distanciado de los docentes, alumnos y padres de familia; en general, todos los componentes del hecho educativo están, pero la coordinación para que funcionen adecuadamente bajo la nueva modalidad es insuficiente; y por si no fuera bastante el reto están las rondas de la muerte en las casas y en las aulas.

Cierto que las cosas han mejorado, los maestros aprenden y se preocupan por mejorar sus clases en línea lo que sin duda merece un reconocimiento aparte; pero los resultados de este modelo adaptado a medias y con prisas, no son siquiera cercanos a los que se obtendrían en la educación presencial. El problema no es menor, en tanto a un año del cierre de las escuelas, el déficit de aprendizaje de los alumnos se ha ido acumulando. La SEP asegura que ofrecerá cursos remediales para los 10 mil alumnos que están definitivamente marginados de las clases en línea, ¿y el resto?

Es cierto que los estudiantes de nivel básico aprenden todo el tiempo, el tiempo que dedican a los estudios, y el que emplean para otras actividades que incluyen el juego, son significativos en la formación de conocimientos. En todo caso, lo que se extrañaría es la dirección que la escuela formal puede dar a esos aprendizajes y por supuesto, el carácter civilizatorio de la institución. Porque en la educación presencial los niños aprenden a relacionarse con otros, a formar comunidades, a contrastar y consensuar escalas de valores, a tolerar el pensamiento diverso; valores que son más difíciles de adquirir en casa.

Y por supuesto que padres de familia, maestros y autoridades parecen entender mayormente la gravedad de la circunstancia. La vuelta precipitada a las clases presenciales traería muchos más problemas que soluciones, pondría en peligro la vida de miles de personas lo que es absolutamente inaceptable, y generaría reacciones de temor que pueden devenir en reacciones terribles de docentes y paterfamilias. En todo caso, lo que tiene que señalarse es el error gravísimo en el diagnóstico de la autoridad educativa que sólo está dispuesta a reconocer el rezago de un 3% de la matrícula, cuando los problemas en el aprendizaje, de acuerdo con los propios maestros, son mucho mayores. Hablamos de miles de niños morelenses que no pudieron asistir a clases, que vieron alterada la normalidad de su hogar, que padecieron la pérdida de familiares, amigos de familiares, y algunos hasta de sus maestros, por una enfermedad que aún no acaba de entenderse, el problema es mucho mayor que dar clases remediales a 10 mil niños.


@martinellito

dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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