/ lunes 27 de julio de 2020

La (in) capacidad de gobernar

En la gestión del presidente, López Obrador continúan operando grupos delincuenciales, y el gobierno (como antes) da privilegio a un grupo sobre el resto. A sectores como el magisterio, les ha sido entregada la reforma educativa y siguen de rehenes los estudiantes de nivel básico, tomando calles y plazas tanto de la capital del país como de entidades federativas. Conviene preguntarse de nueva cuenta el problema: ¿México se encuentra en un proceso de transición, liberalización y/o democratización?

Para esbozar una respuesta, echemos mano de lo que plantean los teóricos en la materia:

-El Presidente sigue disfrutando de poder discrecional, a grado tal que es imposible una investigación seria e imparcial en torno a los numerosos escándalos de corrupción en su breve período de administración (diciembre de 2018 a junio de 2020)

El autoritarismo, por tanto, sigue sin ser desmantelado, lo que es más, se robustece.

-La credibilidad en el proceso de liberalización y de democratización es frágil, si consideramos además que el acuerdo de gobernabilidad de la élite política a cargo de AMLO, sólo satisfizo (parte) de las expectativas de la coalición gobernante y no necesariamente las de la sociedad, lo que explica en parte la caída de sus expectativas ante la sociedad, (6 de cada 10 mexicanos desaprueban su gestión).

-Si bien no podemos considerar la transición política mexicana como sin destino, es claro por los referentes que no se encamina necesariamente por los derroteros de una democratización auténtica y que los riesgos de una regresión autoritaria, so pretexto de la delincuencia y las movilizaciones sociales, así como a la aplicación de las reformas de política de ajuste estructural (que el discurso niega y que la realidad implanta), está latente.

-En el año 2000, la alternancia en el poder presidencial no fue producto de un derrocamiento, sino de una alternación al parecer temporal a opositores no necesariamente radicales. En las entidades federativas, así como en la capital del país, los llamados a cuentas de la élite política brillaron (como hasta hoy) por su ausencia.

-La incertidumbre en torno al resultado de las elecciones es parte de la política de la realidad, si partimos del hecho de que el único partido con estructura, organización y presencia real en todo el país, pudo ser derrotado en 2018 por un partido movimiento que aún no termina de cuajar como una organización electoral efectiva.

-En el denominado segundo proceso de transición planteado por los teóricos, que concibe a los ciudadanos como actores con derechos y obligaciones que deciden las acciones a emprender por las instituciones, México aún debe avanzar de manera notable en ese rubro.

-Falta avanzar en la democracia liberal, de otro modo, el problema persistirá entre segmentos que ejercen la insurrección de la conciencia ciudadana y otros que apuestan a la pasividad social, fortaleciendo el clientelismo, así como la dependencia. No hay una combinación estable de liberalización y democratización.

En los caminos para la redemocratización del país, de las vías planteadas por Alfred Stepan, en algunos de ellos el caso México encuadra en sus supuestos, pero por desgracia sin cumplirse necesariamente.

No obstante, en el caso de la redemocratización desde un gobierno autoritario, en el que las fuerzas opositoras la impulsan, podemos decir que medianamente cumplen ese papel los partidos políticos sin ser suficiente. El presidente, López Obrador ha optado por gobernar no a través de los instrumentos del poder y sus indicadores técnicos, (económicos y políticos) para la gobernanza, sino por dar privilegio a los símbolos del poder, con los resultados que, sugieren una organización colectiva de oposiciones y ciudadanos para ganar al lopezobradorismo la próxima elección que ya arrancó. Hoy, depende de lo que haga o deje de hacer en su conjunto la oposición para lograrlo.


Facebook: Daniel Adame Osorio

Instagram: @danieladameosorio

Twitter: @Danieldao1

En la gestión del presidente, López Obrador continúan operando grupos delincuenciales, y el gobierno (como antes) da privilegio a un grupo sobre el resto. A sectores como el magisterio, les ha sido entregada la reforma educativa y siguen de rehenes los estudiantes de nivel básico, tomando calles y plazas tanto de la capital del país como de entidades federativas. Conviene preguntarse de nueva cuenta el problema: ¿México se encuentra en un proceso de transición, liberalización y/o democratización?

Para esbozar una respuesta, echemos mano de lo que plantean los teóricos en la materia:

-El Presidente sigue disfrutando de poder discrecional, a grado tal que es imposible una investigación seria e imparcial en torno a los numerosos escándalos de corrupción en su breve período de administración (diciembre de 2018 a junio de 2020)

El autoritarismo, por tanto, sigue sin ser desmantelado, lo que es más, se robustece.

-La credibilidad en el proceso de liberalización y de democratización es frágil, si consideramos además que el acuerdo de gobernabilidad de la élite política a cargo de AMLO, sólo satisfizo (parte) de las expectativas de la coalición gobernante y no necesariamente las de la sociedad, lo que explica en parte la caída de sus expectativas ante la sociedad, (6 de cada 10 mexicanos desaprueban su gestión).

-Si bien no podemos considerar la transición política mexicana como sin destino, es claro por los referentes que no se encamina necesariamente por los derroteros de una democratización auténtica y que los riesgos de una regresión autoritaria, so pretexto de la delincuencia y las movilizaciones sociales, así como a la aplicación de las reformas de política de ajuste estructural (que el discurso niega y que la realidad implanta), está latente.

-En el año 2000, la alternancia en el poder presidencial no fue producto de un derrocamiento, sino de una alternación al parecer temporal a opositores no necesariamente radicales. En las entidades federativas, así como en la capital del país, los llamados a cuentas de la élite política brillaron (como hasta hoy) por su ausencia.

-La incertidumbre en torno al resultado de las elecciones es parte de la política de la realidad, si partimos del hecho de que el único partido con estructura, organización y presencia real en todo el país, pudo ser derrotado en 2018 por un partido movimiento que aún no termina de cuajar como una organización electoral efectiva.

-En el denominado segundo proceso de transición planteado por los teóricos, que concibe a los ciudadanos como actores con derechos y obligaciones que deciden las acciones a emprender por las instituciones, México aún debe avanzar de manera notable en ese rubro.

-Falta avanzar en la democracia liberal, de otro modo, el problema persistirá entre segmentos que ejercen la insurrección de la conciencia ciudadana y otros que apuestan a la pasividad social, fortaleciendo el clientelismo, así como la dependencia. No hay una combinación estable de liberalización y democratización.

En los caminos para la redemocratización del país, de las vías planteadas por Alfred Stepan, en algunos de ellos el caso México encuadra en sus supuestos, pero por desgracia sin cumplirse necesariamente.

No obstante, en el caso de la redemocratización desde un gobierno autoritario, en el que las fuerzas opositoras la impulsan, podemos decir que medianamente cumplen ese papel los partidos políticos sin ser suficiente. El presidente, López Obrador ha optado por gobernar no a través de los instrumentos del poder y sus indicadores técnicos, (económicos y políticos) para la gobernanza, sino por dar privilegio a los símbolos del poder, con los resultados que, sugieren una organización colectiva de oposiciones y ciudadanos para ganar al lopezobradorismo la próxima elección que ya arrancó. Hoy, depende de lo que haga o deje de hacer en su conjunto la oposición para lograrlo.


Facebook: Daniel Adame Osorio

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Twitter: @Danieldao1