Daniel Martínez

  / lunes 6 de mayo de 2019

La falta de médicos y de otros…

Durante décadas se recomendó a los jóvenes mexicanos no estudiar medicina, “ya hay muchos médicos”, se decía y hasta tuvo que restringirse la matrícula en esa carrera en las universidades públicas y en el caso de Morelos se inhibió desde el gobierno la apertura de opciones en escuelas particulares.

Pese al enorme prestigio que acarreaba tener un médico en la familia, cada vez fueron siendo menos, hasta llegar al escenario actual en que faltan médicos especialistas para las instituciones públicas.

La proyección casi malthusiana que dominó la planeación en la educación superior estaba evidentemente equivocada. Faltan médicos y faltarán cada año más si las condiciones no mejoran; es urgente estimular a las nuevas generaciones para estudiar medicina y hacer especialidades; pero también es necesario modificar el paradigma laboral de los médicos para que resulte más atractiva su profesión. La falta de médicos puede pronto convertirse en un problema de salud, alarmante, y debe considerarse como un efecto de los controles de matrícula implementados por décadas en la educación superior, pero también como consecuencia de la baja calidad de formación de bachilleres en todo el país. Es decir, se trata también de una falla sistémica en el modelo educativo de México que permitió formar estudiantes con bajos niveles de conocimientos y habilidades que llegaron a las universidades aplicando la ley del menor esfuerzo y la reflejaron incluso en la elección de carreras.

La saturación de licenciaturas sencillas, que podrían tener el nivel de carreras técnicas en el mejor de los casos; y la apuesta de muchas universidades privadas (frente a la incapacidad de las públicas de matricular a mayor número de estudiantes), a formar profesionistas en áreas del conocimiento “fáciles”, se ha vuelto contra la propia sociedad que lo ha permitido. Abundan los malos profesionistas, lo que incide en niveles ridículos de crecimiento económico, y en escasa productividad que se refleja en pésimos servicios que ameritan pagos muy bajos.

La enfermedad es mucho más grave de lo que plantea por sí sólo el síntoma (la escasez de médicos). Explicando la evidencia podemos decir que hay pocos médicos porque se trata de una carrera difícil que requiere muchos sacrificios, los jóvenes no las consideran como opción profesional y quienes lo hacen abandonan con cierta facilidad. Se trata de un reflejo, por cierto, de lo que ocurre en el sistema educativo nacional con el defecto enorme de que la enseñanza de la medicina no puede, ni debiera, facilitarse. En otras licenciaturas se apuesta a volver más simples los contenidos (lo que se refleja en escasos niveles de conocimiento de los egresados de este nivel), pero en el caso de la medicina esa práctica sería criminal.

De origen, el problema radica en la idea de despojar a los jóvenes de la idea de que el conocimiento implica trabajo y sacrificio y permitirles que atraviesen los niveles educativos previos a la universidad sin ambos componentes. La elección de carrera determinada por la facilidad y el hedonismo mal orientado provoca en el mediano plazo la ausencia de profesionistas de alto nivel, y la sociedad requiere de ese tipo de egresados en medicina, pero también en muchas otras áreas del conocimiento.

La transformación es urgente porque el problema empieza a manifestarse como escasez de profesionales, pero el efecto de su solución tardará en llegar, por lo que resulta imperativo también tomar medidas paliativas para que el efecto de la falta de profesionistas de calidad y alta especialidad no resulte en una catástrofe social. Es difícil importar profesionistas, pero tendría que intentarse a través de mejores condiciones laborales que permitan la atracción de talentos mientras el estado puede producir los propios.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Durante décadas se recomendó a los jóvenes mexicanos no estudiar medicina, “ya hay muchos médicos”, se decía y hasta tuvo que restringirse la matrícula en esa carrera en las universidades públicas y en el caso de Morelos se inhibió desde el gobierno la apertura de opciones en escuelas particulares.

Pese al enorme prestigio que acarreaba tener un médico en la familia, cada vez fueron siendo menos, hasta llegar al escenario actual en que faltan médicos especialistas para las instituciones públicas.

La proyección casi malthusiana que dominó la planeación en la educación superior estaba evidentemente equivocada. Faltan médicos y faltarán cada año más si las condiciones no mejoran; es urgente estimular a las nuevas generaciones para estudiar medicina y hacer especialidades; pero también es necesario modificar el paradigma laboral de los médicos para que resulte más atractiva su profesión. La falta de médicos puede pronto convertirse en un problema de salud, alarmante, y debe considerarse como un efecto de los controles de matrícula implementados por décadas en la educación superior, pero también como consecuencia de la baja calidad de formación de bachilleres en todo el país. Es decir, se trata también de una falla sistémica en el modelo educativo de México que permitió formar estudiantes con bajos niveles de conocimientos y habilidades que llegaron a las universidades aplicando la ley del menor esfuerzo y la reflejaron incluso en la elección de carreras.

La saturación de licenciaturas sencillas, que podrían tener el nivel de carreras técnicas en el mejor de los casos; y la apuesta de muchas universidades privadas (frente a la incapacidad de las públicas de matricular a mayor número de estudiantes), a formar profesionistas en áreas del conocimiento “fáciles”, se ha vuelto contra la propia sociedad que lo ha permitido. Abundan los malos profesionistas, lo que incide en niveles ridículos de crecimiento económico, y en escasa productividad que se refleja en pésimos servicios que ameritan pagos muy bajos.

La enfermedad es mucho más grave de lo que plantea por sí sólo el síntoma (la escasez de médicos). Explicando la evidencia podemos decir que hay pocos médicos porque se trata de una carrera difícil que requiere muchos sacrificios, los jóvenes no las consideran como opción profesional y quienes lo hacen abandonan con cierta facilidad. Se trata de un reflejo, por cierto, de lo que ocurre en el sistema educativo nacional con el defecto enorme de que la enseñanza de la medicina no puede, ni debiera, facilitarse. En otras licenciaturas se apuesta a volver más simples los contenidos (lo que se refleja en escasos niveles de conocimiento de los egresados de este nivel), pero en el caso de la medicina esa práctica sería criminal.

De origen, el problema radica en la idea de despojar a los jóvenes de la idea de que el conocimiento implica trabajo y sacrificio y permitirles que atraviesen los niveles educativos previos a la universidad sin ambos componentes. La elección de carrera determinada por la facilidad y el hedonismo mal orientado provoca en el mediano plazo la ausencia de profesionistas de alto nivel, y la sociedad requiere de ese tipo de egresados en medicina, pero también en muchas otras áreas del conocimiento.

La transformación es urgente porque el problema empieza a manifestarse como escasez de profesionales, pero el efecto de su solución tardará en llegar, por lo que resulta imperativo también tomar medidas paliativas para que el efecto de la falta de profesionistas de calidad y alta especialidad no resulte en una catástrofe social. Es difícil importar profesionistas, pero tendría que intentarse a través de mejores condiciones laborales que permitan la atracción de talentos mientras el estado puede producir los propios.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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