/ domingo 31 de mayo de 2020

La encrucijada

La crisis generada por COVID19 nos ha desnudado. Deficiencias que antes pasaban desapercibidas o que se atendían parcialmente afloraron con la pandemia. Que las capacidades del sector salud eran inferiores a la necesidad real. Que las finanzas de nuestro país dependen demasiado de la inversión extranjera, de las remesas y, lo que es peor, del petróleo. Que la investigación en México carece de liderazgo y que es imposible coordinar esfuerzos para la generación de soluciones científicas de largo plazo. Que la economía de los estados como el nuestro no genera valor y se ha enfocado con una visión de corto plazo a los servicios. Que el turismo es el más vulnerable de los sectores económicos y que apostarle todo nos lleva a perderlo todo. Que el sector educativo ha sido incapaz de transitar a mecanismos modernos de enseñanza aprovechando las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Que la mayor parte de los mexicanos carece todavía de cultura científica incluyendo a muchas de las personas que toman decisiones.

A pesar de que sabíamos desde mediados de enero que el coronavirus llegaría a nuestro país en cuestión de semanas, se dejó hasta el último momento una vital campaña informativa que permitiera a la ciudadanía tomar previsiones siendo las más importantes las del sector empresarial. Y no me refiero a las grandes corporaciones sino al pequeño comercio que no contó con información oportuna sobre la inminencia de un confinamiento total.

La ola de despidos proveniente del cierre de los giros no esenciales para la atención de la pandemia tomó desprevenidas a miles de familias que se encontraron de repente sin ingresos. Los bancos y otras entidades financieras han desplegado campañas de apoyo a sus deudores que en lugar de resolver el problema lo atizan ofreciendo condiciones inaceptables. La falta de un programa efectivo de rescate del empleo ha llevado a millones de mexicanos a engrosar las filas del desempleo y de allí a la informalidad con la merma que eso implica a los ingresos tributarios.

El pasado no puede cambiarse aunque analizado permite generar protocolos para la correcta respuesta a crisis sanitarias con las características de una pandemia. Lo que sí podemos hacer es, conociendo con tres meses de anticipación el comportamiento del contagio en otros países, hacer previsiones sobre las medidas que tendrán que tomarse en lo próximo dos años que es la ventana de tiempo que se requiere para contar con una vacuna o con una cura.

Lo primero es entender que cualquier estrategia de apertura debe estar basada, única y exclusivamente en criterios epidemiológicos, es decir, en el comportamiento del contagio. En este sentido hay varios indicadores que pueden ser utilizados entre los que se encuentran ocupación hospitalaria, número de decesos o número de casos positivos. El primero es el que se presenta para la Ciudad de México y el último es el que desde la Academia de Ciencias de Morelos hemos propuesto para la Ciudad de Cuernavaca.

Esto significa que la estrategia de apertura de los diferentes giros comerciales y actividades públicas dependería del número de casos positivos detectados por semana, un dato sencillo y de acceso público. Los valores del semáforo se asignaron con respecto al comportamiento de la pandemia en la misma ciudad y van de 20 como máximo tolerable hasta 5 como mínimo esperado.

La secuencia de apertura dependerá del riesgo de las actividades, dejando al final las de más alto riesgo por el contacto entre personas o por el número de individuos que se aglomeren. Una de las actividades que resultarán fundamentales ordenar es el regresos a clases. Los niños no saben de contagios y necesitan el contacto físico y la convivencia con otros niños para su sano desarrollo. A pesar de que resultan ser mayoritariamente asintomáticos, los menores de 15 años se contagian igual que los adultos y son portadores del virus hacia dentro del núcleo familiar. Por esta razón es que esperamos que sea el regreso a clases en septiembre el punto de quiebre para un potencial rebrote de los contagios.

De ocurrir un incremento de casos, se tendría que aplicar el mismo semáforo de la apertura pero en secuencia reversa, es decir, hacia el cierre de actividades. A diferencia de marzo, para septiembre estaremos profundamente debilitados económica y emocionalmente. Regresar a un confinamiento total tendrá consecuencias profundamente devastadoras para todos por lo que es de vital importancia impedirlo. Y para impedirlo, lo único que nos queda es ser extremadamente cuidadosos con la secuencia de apertura y extremar las medidas preventivas evitando convivir con grupos de personas, guardando distancia social en todo momento y usando cubrebocas de manera obligatoria en espacios de trabajo y en el transporte público.

La vida nos puso en esta encrucijada y dependerá de nosotros, de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad, salir adelante.


Información adicional de éste y otros temas de interés visiten http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

La crisis generada por COVID19 nos ha desnudado. Deficiencias que antes pasaban desapercibidas o que se atendían parcialmente afloraron con la pandemia. Que las capacidades del sector salud eran inferiores a la necesidad real. Que las finanzas de nuestro país dependen demasiado de la inversión extranjera, de las remesas y, lo que es peor, del petróleo. Que la investigación en México carece de liderazgo y que es imposible coordinar esfuerzos para la generación de soluciones científicas de largo plazo. Que la economía de los estados como el nuestro no genera valor y se ha enfocado con una visión de corto plazo a los servicios. Que el turismo es el más vulnerable de los sectores económicos y que apostarle todo nos lleva a perderlo todo. Que el sector educativo ha sido incapaz de transitar a mecanismos modernos de enseñanza aprovechando las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Que la mayor parte de los mexicanos carece todavía de cultura científica incluyendo a muchas de las personas que toman decisiones.

A pesar de que sabíamos desde mediados de enero que el coronavirus llegaría a nuestro país en cuestión de semanas, se dejó hasta el último momento una vital campaña informativa que permitiera a la ciudadanía tomar previsiones siendo las más importantes las del sector empresarial. Y no me refiero a las grandes corporaciones sino al pequeño comercio que no contó con información oportuna sobre la inminencia de un confinamiento total.

La ola de despidos proveniente del cierre de los giros no esenciales para la atención de la pandemia tomó desprevenidas a miles de familias que se encontraron de repente sin ingresos. Los bancos y otras entidades financieras han desplegado campañas de apoyo a sus deudores que en lugar de resolver el problema lo atizan ofreciendo condiciones inaceptables. La falta de un programa efectivo de rescate del empleo ha llevado a millones de mexicanos a engrosar las filas del desempleo y de allí a la informalidad con la merma que eso implica a los ingresos tributarios.

El pasado no puede cambiarse aunque analizado permite generar protocolos para la correcta respuesta a crisis sanitarias con las características de una pandemia. Lo que sí podemos hacer es, conociendo con tres meses de anticipación el comportamiento del contagio en otros países, hacer previsiones sobre las medidas que tendrán que tomarse en lo próximo dos años que es la ventana de tiempo que se requiere para contar con una vacuna o con una cura.

Lo primero es entender que cualquier estrategia de apertura debe estar basada, única y exclusivamente en criterios epidemiológicos, es decir, en el comportamiento del contagio. En este sentido hay varios indicadores que pueden ser utilizados entre los que se encuentran ocupación hospitalaria, número de decesos o número de casos positivos. El primero es el que se presenta para la Ciudad de México y el último es el que desde la Academia de Ciencias de Morelos hemos propuesto para la Ciudad de Cuernavaca.

Esto significa que la estrategia de apertura de los diferentes giros comerciales y actividades públicas dependería del número de casos positivos detectados por semana, un dato sencillo y de acceso público. Los valores del semáforo se asignaron con respecto al comportamiento de la pandemia en la misma ciudad y van de 20 como máximo tolerable hasta 5 como mínimo esperado.

La secuencia de apertura dependerá del riesgo de las actividades, dejando al final las de más alto riesgo por el contacto entre personas o por el número de individuos que se aglomeren. Una de las actividades que resultarán fundamentales ordenar es el regresos a clases. Los niños no saben de contagios y necesitan el contacto físico y la convivencia con otros niños para su sano desarrollo. A pesar de que resultan ser mayoritariamente asintomáticos, los menores de 15 años se contagian igual que los adultos y son portadores del virus hacia dentro del núcleo familiar. Por esta razón es que esperamos que sea el regreso a clases en septiembre el punto de quiebre para un potencial rebrote de los contagios.

De ocurrir un incremento de casos, se tendría que aplicar el mismo semáforo de la apertura pero en secuencia reversa, es decir, hacia el cierre de actividades. A diferencia de marzo, para septiembre estaremos profundamente debilitados económica y emocionalmente. Regresar a un confinamiento total tendrá consecuencias profundamente devastadoras para todos por lo que es de vital importancia impedirlo. Y para impedirlo, lo único que nos queda es ser extremadamente cuidadosos con la secuencia de apertura y extremar las medidas preventivas evitando convivir con grupos de personas, guardando distancia social en todo momento y usando cubrebocas de manera obligatoria en espacios de trabajo y en el transporte público.

La vida nos puso en esta encrucijada y dependerá de nosotros, de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad, salir adelante.


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