/ jueves 7 de mayo de 2020

La curva plana y la crítica constructiva en tiempos del Covid-19

Esta semana el Subsecretario de Salud, López-Gatell anunció que la curva de contagios por Covid-19 se había aplanado y esto, sin duda, es una buena noticia para todos.

Si bien quedaron muchas dudas por la forma como se justificó la causa, no podemos dejar de reconocer que también hay cosas que se han hecho de regular a bien.

Lamentablemente no todo ha sido así y al señalarlo, pensamos que este ejercicio es útil para construir nuevas reglas, prácticas o capacidades institucionales. No aprender de nuestros errores sería auto-condenarnos a fallar en la próxima y segura pandemia. ¿Cuáles son entonces, algunos de los problemas que necesitamos reflexionar?

Comencemos por los protocolos de atención a pacientes sospechosos desde su primera atención médica. ¿Cuántos casos pudieron evitarse de haber tenido indicaciones adecuadas, canalización e infraestructura médica para quienes acudieron enfermos a sus farmacias y consultorios médicos locales? ¿Cuántos casos en los hospitales públicos y privados se pudieron evitar por no dar un tratamiento adecuado a los asintomáticos y un control estricto de vigilancia epidemiológica, aislamiento o cuarentena, de los casos sospechosos?

¿Cuántos casos de contagio se hubieran evitado de haber contado con herramientas para identificar las zonas de mayor riesgo en las colonias y emitir controles de movilidad específicos y estrictos? ¿Cuántos mercados, tianguis o tiendas de autoservicio que son o fueron focos de contagio pudieron evitar serlo?

El tiempo también ha sido un factor, ¿cuántos casos se pudieron evitar si el personal que labora en los servicios esenciales hubiera tenido “a tiempo” el equipo necesario para cuidar su salud? ¿Cuántos trabajadores del sector salud, del sistema de transporte, policías, custodios, impartidores de justicia y administrativos hubieran podido evitar el contagio?

Hay muchos casos de negligencia en el manejo de pacientes al llegar a hospitales, en los espacios de atención hospitalaria y la disposición de cadáveres. ¿Cuántos casos se pudieron evitar de haber contado con protocolos y capacitación de actuación para pacientes con o sin covid-19? ¿Cuántos si existiera una adecuada división de espacios interhospitalarios? ¿Cuántos si hubieran ofrecido información oportuna a los familiares que esperan afuera de hospitales?

¿Cuántos casos se hubieran evitado aprendiendo de otros virus letales (SARS y MERS)? ¿Cuántos contagios se hubieran evitado en las empresas esenciales y no esenciales de haber tenido un acompañamiento estatal para su funcionamiento? ¿Cuántos de haber existido un protocolo estricto sobre la comercialización de los alimentos?

López-Gatell muestra su arrogancia al molestarse visiblemente siempre que cuestionan las cifras o ponen en entredicho sus valoraciones. Sin duda, el Subsecretario ha sabido usar los datos y la información de forma conveniente para sesgar, ocultar o minimizar las deficiencias del sector y la efectividad de las estrategias de salud. Al Subsecretario le pasa lo que una vez me dijo un experimentado luchador social: “lo importante no sólo es entender la lucha, sino sentirla”.

Muchas de las respuestas a las preguntas aquí expresadas están ahí, frente a nuestras propias narices, si escucháramos a quienes están en el campo de batalla todos los días, a las y los: médicos, enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, pacientes y las familias de enfermos de todo el país. Aprender de la gente y trabajar con ella, siempre será la diferencia y la clave.

El problema del hubiera no es cuantos contagios pudimos evitar, sino vidas que pudimos salvar…


Twitter/Facebook: @CzarArenas

Esta semana el Subsecretario de Salud, López-Gatell anunció que la curva de contagios por Covid-19 se había aplanado y esto, sin duda, es una buena noticia para todos.

Si bien quedaron muchas dudas por la forma como se justificó la causa, no podemos dejar de reconocer que también hay cosas que se han hecho de regular a bien.

Lamentablemente no todo ha sido así y al señalarlo, pensamos que este ejercicio es útil para construir nuevas reglas, prácticas o capacidades institucionales. No aprender de nuestros errores sería auto-condenarnos a fallar en la próxima y segura pandemia. ¿Cuáles son entonces, algunos de los problemas que necesitamos reflexionar?

Comencemos por los protocolos de atención a pacientes sospechosos desde su primera atención médica. ¿Cuántos casos pudieron evitarse de haber tenido indicaciones adecuadas, canalización e infraestructura médica para quienes acudieron enfermos a sus farmacias y consultorios médicos locales? ¿Cuántos casos en los hospitales públicos y privados se pudieron evitar por no dar un tratamiento adecuado a los asintomáticos y un control estricto de vigilancia epidemiológica, aislamiento o cuarentena, de los casos sospechosos?

¿Cuántos casos de contagio se hubieran evitado de haber contado con herramientas para identificar las zonas de mayor riesgo en las colonias y emitir controles de movilidad específicos y estrictos? ¿Cuántos mercados, tianguis o tiendas de autoservicio que son o fueron focos de contagio pudieron evitar serlo?

El tiempo también ha sido un factor, ¿cuántos casos se pudieron evitar si el personal que labora en los servicios esenciales hubiera tenido “a tiempo” el equipo necesario para cuidar su salud? ¿Cuántos trabajadores del sector salud, del sistema de transporte, policías, custodios, impartidores de justicia y administrativos hubieran podido evitar el contagio?

Hay muchos casos de negligencia en el manejo de pacientes al llegar a hospitales, en los espacios de atención hospitalaria y la disposición de cadáveres. ¿Cuántos casos se pudieron evitar de haber contado con protocolos y capacitación de actuación para pacientes con o sin covid-19? ¿Cuántos si existiera una adecuada división de espacios interhospitalarios? ¿Cuántos si hubieran ofrecido información oportuna a los familiares que esperan afuera de hospitales?

¿Cuántos casos se hubieran evitado aprendiendo de otros virus letales (SARS y MERS)? ¿Cuántos contagios se hubieran evitado en las empresas esenciales y no esenciales de haber tenido un acompañamiento estatal para su funcionamiento? ¿Cuántos de haber existido un protocolo estricto sobre la comercialización de los alimentos?

López-Gatell muestra su arrogancia al molestarse visiblemente siempre que cuestionan las cifras o ponen en entredicho sus valoraciones. Sin duda, el Subsecretario ha sabido usar los datos y la información de forma conveniente para sesgar, ocultar o minimizar las deficiencias del sector y la efectividad de las estrategias de salud. Al Subsecretario le pasa lo que una vez me dijo un experimentado luchador social: “lo importante no sólo es entender la lucha, sino sentirla”.

Muchas de las respuestas a las preguntas aquí expresadas están ahí, frente a nuestras propias narices, si escucháramos a quienes están en el campo de batalla todos los días, a las y los: médicos, enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, pacientes y las familias de enfermos de todo el país. Aprender de la gente y trabajar con ella, siempre será la diferencia y la clave.

El problema del hubiera no es cuantos contagios pudimos evitar, sino vidas que pudimos salvar…


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