Daniel Martínez

  / lunes 11 de marzo de 2019

La clausura de antros…

Quejarse porque el cierre de establecimientos irregulares donde se expendía licor podría generar desempleo es tanto como decir que debiera detenerse el combate a otras actividades ilegales, como el narcotráfico o el robo de combustible como un medio de respeto a las fuentes de empleo. Cierto que hay políticas públicas que ponen en riesgo los empleos formales o no tanto que se ofrecen en el estado, pero no es lo mismo una estancia infantil que un antro, así que no debieran ser pasados por el mismo rasero.

El anhelo de una ciudad segura, en la que la vida nocturna tenga la calidad suficiente para garantizar la integridad de paseantes y prestadores de servicios pasa, necesariamente, por el cumplimiento de una serie elemental de requisitos legales que permitan a todos sentirse protegidos. Las clausuras hechas por el Ayuntamiento de Cuernavaca sobre una serie de locales que expenden alcohol se han debido a violaciones a esa normatividad que han sido detectadas en flagrancia: venta a menores de edad, falta de licencia de funcionamiento, invasión de la vía pública, entre otras faltas que ameritan multas o clausuras. Es decir, la discusión sobre la prudencia o no de la medida sale sobrando en tanto la autoridad municipal actuó conforme a la ley y lo tendrá que seguir haciendo en contra de todos los negocios con actividades que ponen en riesgo a la ciudadanía.

Cierto que para quienes pasearon por el centro la noche del viernes resultó impactante el tamaño del operativo en que el Ejército, la policía, brigadas de protección civil municipal e inspectores del ayuntamiento, acudieron a las inspecciones y cierres de negocios; habrá quienes digan que se trató de un exceso, pero con la serie de terribles leyendas que se cuentan sobre algunos antros de Cuernavaca y quienes acuden a ellos, es mejor estar bien prevenidos.

Diríase que la cantidad de elementos desplegados no hizo sentir más seguro a nadie; muchos pensaron que algo terrible estaría pasando luego de ver las patrullas, vehículos de la milicia, y formaciones de elementos de las fuerzas del orden. El despliegue garantizó que el procedimiento se llevara a cabo sin alteraciones del orden público, pero también hizo extrañar aquella época en que la vida nocturna de Cuernavaca era más fiesta civil que despliegue de fuerzas policiales y militares. En eso el alcalde Antonio Villalobos tiene razón, quisiéramos muchos volver a esa Cuernavaca de noches seguras y cosmopolitas, en que los residentes y visitantes podían convivir y lo más grave que ocurría era que un junior se peleaba con otro por alguna estupidez, ese se volvía el chisme del mes, porque ni siquiera ocurría cada semana.

El problema es que de esa Cuernavaca de hace décadas a lo que hoy se vive en las noches de la ciudad han tenido que pasar años de indolencia, lustros de omisiones, décadas de comportamientos criminales de algunos pseudoempresarios y de cientos de autoridades que permitieron la decadencia al grado de tener hoy generaciones enteras que no conocieron la Cuernavaca del buen servicio nocturno, de las noches seguras y que, por supuesto, no extrañan ninguna de las bondades nocturnas que la ciudad de la eterna primavera podía ofrecer y superaban con mucho hasta los baches más profundos en las callejuelas. Probablemente por eso el acto de autoridad haya sido percibido por algunos como un despliegue excesivo, como una lesión a los derechos de quienes salen a divertirse en sitios que no garantizan la seguridad de absolutamente nadie. Ofrecer negocios de calidad y seguridad suficientes para quienes los visitan es obligación de los empresarios, y que ese deber se cumpla debe estar adecuadamente vigilado por el municipio.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Quejarse porque el cierre de establecimientos irregulares donde se expendía licor podría generar desempleo es tanto como decir que debiera detenerse el combate a otras actividades ilegales, como el narcotráfico o el robo de combustible como un medio de respeto a las fuentes de empleo. Cierto que hay políticas públicas que ponen en riesgo los empleos formales o no tanto que se ofrecen en el estado, pero no es lo mismo una estancia infantil que un antro, así que no debieran ser pasados por el mismo rasero.

El anhelo de una ciudad segura, en la que la vida nocturna tenga la calidad suficiente para garantizar la integridad de paseantes y prestadores de servicios pasa, necesariamente, por el cumplimiento de una serie elemental de requisitos legales que permitan a todos sentirse protegidos. Las clausuras hechas por el Ayuntamiento de Cuernavaca sobre una serie de locales que expenden alcohol se han debido a violaciones a esa normatividad que han sido detectadas en flagrancia: venta a menores de edad, falta de licencia de funcionamiento, invasión de la vía pública, entre otras faltas que ameritan multas o clausuras. Es decir, la discusión sobre la prudencia o no de la medida sale sobrando en tanto la autoridad municipal actuó conforme a la ley y lo tendrá que seguir haciendo en contra de todos los negocios con actividades que ponen en riesgo a la ciudadanía.

Cierto que para quienes pasearon por el centro la noche del viernes resultó impactante el tamaño del operativo en que el Ejército, la policía, brigadas de protección civil municipal e inspectores del ayuntamiento, acudieron a las inspecciones y cierres de negocios; habrá quienes digan que se trató de un exceso, pero con la serie de terribles leyendas que se cuentan sobre algunos antros de Cuernavaca y quienes acuden a ellos, es mejor estar bien prevenidos.

Diríase que la cantidad de elementos desplegados no hizo sentir más seguro a nadie; muchos pensaron que algo terrible estaría pasando luego de ver las patrullas, vehículos de la milicia, y formaciones de elementos de las fuerzas del orden. El despliegue garantizó que el procedimiento se llevara a cabo sin alteraciones del orden público, pero también hizo extrañar aquella época en que la vida nocturna de Cuernavaca era más fiesta civil que despliegue de fuerzas policiales y militares. En eso el alcalde Antonio Villalobos tiene razón, quisiéramos muchos volver a esa Cuernavaca de noches seguras y cosmopolitas, en que los residentes y visitantes podían convivir y lo más grave que ocurría era que un junior se peleaba con otro por alguna estupidez, ese se volvía el chisme del mes, porque ni siquiera ocurría cada semana.

El problema es que de esa Cuernavaca de hace décadas a lo que hoy se vive en las noches de la ciudad han tenido que pasar años de indolencia, lustros de omisiones, décadas de comportamientos criminales de algunos pseudoempresarios y de cientos de autoridades que permitieron la decadencia al grado de tener hoy generaciones enteras que no conocieron la Cuernavaca del buen servicio nocturno, de las noches seguras y que, por supuesto, no extrañan ninguna de las bondades nocturnas que la ciudad de la eterna primavera podía ofrecer y superaban con mucho hasta los baches más profundos en las callejuelas. Probablemente por eso el acto de autoridad haya sido percibido por algunos como un despliegue excesivo, como una lesión a los derechos de quienes salen a divertirse en sitios que no garantizan la seguridad de absolutamente nadie. Ofrecer negocios de calidad y seguridad suficientes para quienes los visitan es obligación de los empresarios, y que ese deber se cumpla debe estar adecuadamente vigilado por el municipio.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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