/ domingo 14 de febrero de 2021

Ingobernabilidad en Morelos

La semana pasada, quince elementos de la policía de investigación llegaron a Palacio de Gobierno para entregar una serie de oficios de la Fiscalía Anticorrupción al secretario de Gobierno, Pablo Ojeda. Ello, además de llamar la atención por la manera en que acudieron las autoridades al recinto, dio pie a una entrevista del secretario a medios de comunicación, en la que, dentro de otras cosas, acusó a la Fiscalía de no dar resultados y de contar con un titular cuestionable.

Como es costumbre para este gobierno estatal, los problemas se resuelven ignorando acusaciones y atacando a quienes las hacen. En este caso, Ojeda declaró que las investigaciones que se hacen en su contra se tratan de una persecución política —por lo que aseguró que no tiene de qué preocuparse— y atacó el desempeño de la Fiscalía Anticorrupción.

Ahora bien, más allá del circo político, se debe tener claro que las acusaciones que existen en contra de ambos personajes no deben tomarse a la ligera. En el caso particular del secretario de Gobierno, él debe aclarar los señalamientos que se hacen en su contra, pues ser sujeto de una investigación no es cosa menor y no debe subestimarse por la parte acusada o por la parte acusadora. El pueblo de Morelos merece una respuesta mayor a la que se dio en Palacio de Gobierno.

Por otro lado, será importante que la Fiscalía Anticorrupción lleve a cabo un proceso transparente y con estricto apego a la ley, en el que se llegue hasta las últimas instancias de investigación y, en su caso, se lleven a cabo las sanciones correspondientes. Es cierto que en Morelos hay una deficiente procuración y persecución del delito, se debe dar un giro al timón para que la impunidad se acabe.

Ahora bien, algo que preocupa de este caso es la forma en que ambas partes se están comportando. Desde el lado de la Fiscalía y del secretario de Gobierno se están politizando las acusaciones hacia uno u otro actor, lo que, inevitablemente, genera un clima de ingobernabilidad en el estado.

Me llama la atención la cantidad de frentes de batalla que el gobierno de Morelos está abriendo en contra de distintas instancias públicas, privadas y sociales; a partir de su intolerancia a la crítica y a los cuestionamientos. El problema de esto no es solo el desgaste al que se expone el ejecutivo estatal, ni la confusión que se genera a los morelenses a partir de mensajes contradictorios; sino que, además, se crea un clima de ingobernabilidad, puesto que no existe coordinación ni apoyo entre instituciones. No se puede gobernar con una sola persona, se necesita que todas las partes de este engranaje trabajen de manera simultanea y cooperativa, no enfrentadas y obstruyendo sus labores.

El arte de gobernar no es usar el poder político a conveniencia, ni actuar de manera prepotente para mostrar una imagen de poder. La virtud está en construir puentes y hacer alianzas; en el diálogo, en aceptar la crítica y en construir acuerdos. Porque para formar un buen gobierno hay que comprender que las manos dispuestas a ayudar nunca sobran, pero la intolerancia a la crítica y la soberbia, sí.


Senadora por Morelos

Redes sociales: @LuciaMezaGzm

La semana pasada, quince elementos de la policía de investigación llegaron a Palacio de Gobierno para entregar una serie de oficios de la Fiscalía Anticorrupción al secretario de Gobierno, Pablo Ojeda. Ello, además de llamar la atención por la manera en que acudieron las autoridades al recinto, dio pie a una entrevista del secretario a medios de comunicación, en la que, dentro de otras cosas, acusó a la Fiscalía de no dar resultados y de contar con un titular cuestionable.

Como es costumbre para este gobierno estatal, los problemas se resuelven ignorando acusaciones y atacando a quienes las hacen. En este caso, Ojeda declaró que las investigaciones que se hacen en su contra se tratan de una persecución política —por lo que aseguró que no tiene de qué preocuparse— y atacó el desempeño de la Fiscalía Anticorrupción.

Ahora bien, más allá del circo político, se debe tener claro que las acusaciones que existen en contra de ambos personajes no deben tomarse a la ligera. En el caso particular del secretario de Gobierno, él debe aclarar los señalamientos que se hacen en su contra, pues ser sujeto de una investigación no es cosa menor y no debe subestimarse por la parte acusada o por la parte acusadora. El pueblo de Morelos merece una respuesta mayor a la que se dio en Palacio de Gobierno.

Por otro lado, será importante que la Fiscalía Anticorrupción lleve a cabo un proceso transparente y con estricto apego a la ley, en el que se llegue hasta las últimas instancias de investigación y, en su caso, se lleven a cabo las sanciones correspondientes. Es cierto que en Morelos hay una deficiente procuración y persecución del delito, se debe dar un giro al timón para que la impunidad se acabe.

Ahora bien, algo que preocupa de este caso es la forma en que ambas partes se están comportando. Desde el lado de la Fiscalía y del secretario de Gobierno se están politizando las acusaciones hacia uno u otro actor, lo que, inevitablemente, genera un clima de ingobernabilidad en el estado.

Me llama la atención la cantidad de frentes de batalla que el gobierno de Morelos está abriendo en contra de distintas instancias públicas, privadas y sociales; a partir de su intolerancia a la crítica y a los cuestionamientos. El problema de esto no es solo el desgaste al que se expone el ejecutivo estatal, ni la confusión que se genera a los morelenses a partir de mensajes contradictorios; sino que, además, se crea un clima de ingobernabilidad, puesto que no existe coordinación ni apoyo entre instituciones. No se puede gobernar con una sola persona, se necesita que todas las partes de este engranaje trabajen de manera simultanea y cooperativa, no enfrentadas y obstruyendo sus labores.

El arte de gobernar no es usar el poder político a conveniencia, ni actuar de manera prepotente para mostrar una imagen de poder. La virtud está en construir puentes y hacer alianzas; en el diálogo, en aceptar la crítica y en construir acuerdos. Porque para formar un buen gobierno hay que comprender que las manos dispuestas a ayudar nunca sobran, pero la intolerancia a la crítica y la soberbia, sí.


Senadora por Morelos

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