Julián Güitrón Fuentevill

  / sábado 16 de noviembre de 2019

Ignorancia y estulticia de los legisladores de Cámara de Diputados de la Ciudad de México

El tema es dramático. El proyecto para modificar el Código Civil para que los niños de cinco años decidan su identidad de género y acudan al Registro Civil, aquí empiezan los problemas, dicen que solos, lo que es una aberración jurídica; afirman que con los progenitores; o que de alguna otra manera comparezcan al Registro Civil.

Lo grave es que con una ignorancia enciclopédica se pretenda, inclusive utilizando el término transgénero, que lo quieren ejemplificar con frases como “mi hijo es un nombre pero desde chiquito se conducía como niña y en consecuencia hay que hacerle un acta de nacimiento con ese género y ponerle, en lugar de ser Mario es María”; otra aberración es que la equidad de género se va a alcanzar, y que los niños a esa edad van a decir o a decidir a la inversa, por ejemplo si la mamá o el papá dicen “tenemos una hija mujer que desde chiquita se ha conducido como niño; ahora vamos a solicitar que le den un acta de nacimiento o de reconocimiento de género, donde digan que tiene un sexo diferente”.

Más que suficiente para que quienes nos honran leyendo este espacio reflexionen. y que hemos escogido hablar de la Ciudad de México, porque desgraciadamente lo que a veces ahí se aprueba en las leyes, sobre todo las que tiene que ver con el Derecho Familiar, por ignorancia o por flojera los legisladores estatales copian estas normas aunque no tengan ningún sentido o no sirvan para nada; y ante ello hay que dar la voz de alarma, porque es un tema muy complicado; no es cuestión de decir con la simpleza que lo hicieron gobiernos anteriores y que está vigente en el Registro Civil de la Ciudad de México, que si una persona adulta hombre o mujer amanece pensando que ya no le gusta el cuerpo en el que está, es hombre porque nació con ese sexo pero lo quisiera cambiar al femenino, pueden acudir al Registro Civil, pagan una cantidad mínima de impuestos y se les expide un acta, donde a pesar de que no se les haya hecho ninguna operación para convertirlos en transgénero, sino mantener el sexo que tienen.

Pretender modificar el Código Civil de la Ciudad de México para que un niño o una niña de cinco años decidan su género, su sexo, su identidad, es tan grave como para poner en un lugar para enfermos mentales a quienes intentan reformas de esta magnitud. Es ignorar la esencia del Derecho Familiar y sobre todo no proteger el interés superior de los niños y de las niñas, que si bien los que sean transgénero, y esto debe quedar muy claro, presentan una problemática, la misma debe ser en primer lugar investigada, estudiada, informada, hacer un diagnóstico, un pronóstico y plantear alternativas de solución, pero no con la simpleza que pretende la Cámara de Diputados de la Ciudad de México, en que sea un niño o una niña de esa edad los que decidan y se apersonan en el Registro, porque incluso, según las notas periodísticas, esos niños podrían ir solos, lo que verdaderamente raya en una tontería que no podemos dejarla pasar por alto, porque como dijimos antes el mal ejemplo cunde y esto no es cuestión de resolverlo con una simple y sencilla expresión de que la identidad de género debe ser en la Ciudad de México como un ejemplo para el mundo.

Ojalá la señora Sheinbaum esté al corriente de ésto, sepa y se asesore con los verdaderos expertos y tomen las mejores decisiones.


Profesor de Carrera, con 52 años de Cátedra ininterrumpida en Derecho Civil y Derecho Familiar, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El tema es dramático. El proyecto para modificar el Código Civil para que los niños de cinco años decidan su identidad de género y acudan al Registro Civil, aquí empiezan los problemas, dicen que solos, lo que es una aberración jurídica; afirman que con los progenitores; o que de alguna otra manera comparezcan al Registro Civil.

Lo grave es que con una ignorancia enciclopédica se pretenda, inclusive utilizando el término transgénero, que lo quieren ejemplificar con frases como “mi hijo es un nombre pero desde chiquito se conducía como niña y en consecuencia hay que hacerle un acta de nacimiento con ese género y ponerle, en lugar de ser Mario es María”; otra aberración es que la equidad de género se va a alcanzar, y que los niños a esa edad van a decir o a decidir a la inversa, por ejemplo si la mamá o el papá dicen “tenemos una hija mujer que desde chiquita se ha conducido como niño; ahora vamos a solicitar que le den un acta de nacimiento o de reconocimiento de género, donde digan que tiene un sexo diferente”.

Más que suficiente para que quienes nos honran leyendo este espacio reflexionen. y que hemos escogido hablar de la Ciudad de México, porque desgraciadamente lo que a veces ahí se aprueba en las leyes, sobre todo las que tiene que ver con el Derecho Familiar, por ignorancia o por flojera los legisladores estatales copian estas normas aunque no tengan ningún sentido o no sirvan para nada; y ante ello hay que dar la voz de alarma, porque es un tema muy complicado; no es cuestión de decir con la simpleza que lo hicieron gobiernos anteriores y que está vigente en el Registro Civil de la Ciudad de México, que si una persona adulta hombre o mujer amanece pensando que ya no le gusta el cuerpo en el que está, es hombre porque nació con ese sexo pero lo quisiera cambiar al femenino, pueden acudir al Registro Civil, pagan una cantidad mínima de impuestos y se les expide un acta, donde a pesar de que no se les haya hecho ninguna operación para convertirlos en transgénero, sino mantener el sexo que tienen.

Pretender modificar el Código Civil de la Ciudad de México para que un niño o una niña de cinco años decidan su género, su sexo, su identidad, es tan grave como para poner en un lugar para enfermos mentales a quienes intentan reformas de esta magnitud. Es ignorar la esencia del Derecho Familiar y sobre todo no proteger el interés superior de los niños y de las niñas, que si bien los que sean transgénero, y esto debe quedar muy claro, presentan una problemática, la misma debe ser en primer lugar investigada, estudiada, informada, hacer un diagnóstico, un pronóstico y plantear alternativas de solución, pero no con la simpleza que pretende la Cámara de Diputados de la Ciudad de México, en que sea un niño o una niña de esa edad los que decidan y se apersonan en el Registro, porque incluso, según las notas periodísticas, esos niños podrían ir solos, lo que verdaderamente raya en una tontería que no podemos dejarla pasar por alto, porque como dijimos antes el mal ejemplo cunde y esto no es cuestión de resolverlo con una simple y sencilla expresión de que la identidad de género debe ser en la Ciudad de México como un ejemplo para el mundo.

Ojalá la señora Sheinbaum esté al corriente de ésto, sepa y se asesore con los verdaderos expertos y tomen las mejores decisiones.


Profesor de Carrera, con 52 años de Cátedra ininterrumpida en Derecho Civil y Derecho Familiar, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.