Brenda Valderrama

  / lunes 28 de octubre de 2019

Hasta el infinito y más allá

El estudio del cosmos ha fascinado a la humanidad desde sus inicio. La complejidad y regularidad de los cuerpos celestes dio motivo de estudio a los sabios y derivó en la primera gran aplicación del conocimiento científico, la agricultura.

Nuestro entendimiento del cosmos ha estado regulado por el desarrollo convergente de la teoría, un cuerpo de hipótesis que buscan conocer sus principios y explicar su comportamiento, y de la instrumentación, que abarca desde los sextantes para medir la posición relativa de las estrellas con respecto al horizonte hasta el telescopio espacial Hubble. El Premio Nobel de Física 2019 fue otorgado a tres sobresalientes astrofísicos: la mitad a James Peebles y el resto compartido por Michel Mayor y Didier Queloz, el primero por el desarrollo de una teoría y los segundos, por un instrumento.

El área de trabajo de James Peebles es la cosmología física, la cual estudia la estructura a gran escala y la dinámica del universo con la intención de explicar su origen y predecir su destino. La primera gran aportación de Peebles fue el planteamiento en 1965 de las características que debiera tener la Radiación de Fondo de Microondas (CMB por sus siglas en inglés) la cual es una forma de energía predicha por el modelo del Big Bang. Veinte años después el modelo vuelve a ser revisado por Peebles quien lo complementa con la reintroducción de la constante cosmológica, originalmente propuesta por Einstein en 1917, con lo que se pueden explicar aspectos aparentemente contradictorios como el problema de la edad en el cual la edad estimada de las estrellas más antiguas parecería ser mayor que la del universo.

La teoría fue confirmada en 1992 mediante el estudio de la radiación en el espectro de cuerpo negro y actualmente se utiliza para hacer barridos de cielo completo con la finalidad de acopiar más y mejor información sobre el origen del universo. Gracias a estas y otras aportaciones de James Peebles, el método de medición de la radiación de fondo de microondas pudo ser desplegado con tal acuciosidad que se convirtió en la medición más precisa en la naturaleza dando nacimiento a una nueva disciplina, la cosmología de precisión.

Por su lado, la aportación de Mayor y Queloz fue el desarrollo de un instrumento llamado ELODIE que consiste en una serie de detectores que permiten la cuantificación radial de un objeto mediante el efecto Doppler. El efecto Doppler es el cambio de frecuencia aparente de una onda con respecto al movimiento. No es lo mismo recibir una onda de frente cuando el objeto se aproxima hacia nosotros que una vez que el objeto ha pasado, como sabemos sucede con las ondas sonoras emitidas por la sirena de una ambulancia.

Gracias a ELODIE, los investigadores pudieron establecer el estudio sistemático de 142 diferentes sistemas solares buscando evidencia de la existencia de nuevos planetas y derivando en la identificación, en 1994, del primer planeta fuera de nuestro sistema solar, un cuerpo que gira alrededor de la estrella 51 Pegasi b, en la constelación de Pegaso. Este planeta posee una masa similar a la de Júpiter, una temperatura de mil grados centígrados y una trayectoria alrededor de su sol de 4 días. A este descubrimiento siguieron otros planetas alrededor de las estrellas 70 Virginis y 47 Ursa Majoris. A la fecha se han descubierto ya 34 exoplanetas.

Gracias a las aportaciones de estos grandes científicos hemos mejorado nuestro conocimiento del universo y de las leyes que lo determinan pero también hemos abierto la puerta a nuevas aventuras espaciales, quizá para algunos ya en los terrenos de la ciencia ficción, como son el establecimiento de colonias en otros planetas o la minería espacial. Es importante recalcar que estos logros no podrían haberse concretado sin inversión pública. Es obligación de los gobiernos invertir en la investigación científica, social, básica o aplicada, con la finalidad de generar conocimiento útil para las personas. En ese sentido la comunidad científica de Morelos sigue en espera que que la reciba la comisión de Hacienda del Congreso de Morelos, presidida por la diputada Rosalina Mazari, para discutir el presupuesto estatal 2020 en ciencia, tecnología e innovación esperando que no se repita lo del año pasado, cuando por primera vez en treinta años no se le asignó ni un solo peso a este sector.


Información adicional de éste y otros temas de interés: http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

El estudio del cosmos ha fascinado a la humanidad desde sus inicio. La complejidad y regularidad de los cuerpos celestes dio motivo de estudio a los sabios y derivó en la primera gran aplicación del conocimiento científico, la agricultura.

Nuestro entendimiento del cosmos ha estado regulado por el desarrollo convergente de la teoría, un cuerpo de hipótesis que buscan conocer sus principios y explicar su comportamiento, y de la instrumentación, que abarca desde los sextantes para medir la posición relativa de las estrellas con respecto al horizonte hasta el telescopio espacial Hubble. El Premio Nobel de Física 2019 fue otorgado a tres sobresalientes astrofísicos: la mitad a James Peebles y el resto compartido por Michel Mayor y Didier Queloz, el primero por el desarrollo de una teoría y los segundos, por un instrumento.

El área de trabajo de James Peebles es la cosmología física, la cual estudia la estructura a gran escala y la dinámica del universo con la intención de explicar su origen y predecir su destino. La primera gran aportación de Peebles fue el planteamiento en 1965 de las características que debiera tener la Radiación de Fondo de Microondas (CMB por sus siglas en inglés) la cual es una forma de energía predicha por el modelo del Big Bang. Veinte años después el modelo vuelve a ser revisado por Peebles quien lo complementa con la reintroducción de la constante cosmológica, originalmente propuesta por Einstein en 1917, con lo que se pueden explicar aspectos aparentemente contradictorios como el problema de la edad en el cual la edad estimada de las estrellas más antiguas parecería ser mayor que la del universo.

La teoría fue confirmada en 1992 mediante el estudio de la radiación en el espectro de cuerpo negro y actualmente se utiliza para hacer barridos de cielo completo con la finalidad de acopiar más y mejor información sobre el origen del universo. Gracias a estas y otras aportaciones de James Peebles, el método de medición de la radiación de fondo de microondas pudo ser desplegado con tal acuciosidad que se convirtió en la medición más precisa en la naturaleza dando nacimiento a una nueva disciplina, la cosmología de precisión.

Por su lado, la aportación de Mayor y Queloz fue el desarrollo de un instrumento llamado ELODIE que consiste en una serie de detectores que permiten la cuantificación radial de un objeto mediante el efecto Doppler. El efecto Doppler es el cambio de frecuencia aparente de una onda con respecto al movimiento. No es lo mismo recibir una onda de frente cuando el objeto se aproxima hacia nosotros que una vez que el objeto ha pasado, como sabemos sucede con las ondas sonoras emitidas por la sirena de una ambulancia.

Gracias a ELODIE, los investigadores pudieron establecer el estudio sistemático de 142 diferentes sistemas solares buscando evidencia de la existencia de nuevos planetas y derivando en la identificación, en 1994, del primer planeta fuera de nuestro sistema solar, un cuerpo que gira alrededor de la estrella 51 Pegasi b, en la constelación de Pegaso. Este planeta posee una masa similar a la de Júpiter, una temperatura de mil grados centígrados y una trayectoria alrededor de su sol de 4 días. A este descubrimiento siguieron otros planetas alrededor de las estrellas 70 Virginis y 47 Ursa Majoris. A la fecha se han descubierto ya 34 exoplanetas.

Gracias a las aportaciones de estos grandes científicos hemos mejorado nuestro conocimiento del universo y de las leyes que lo determinan pero también hemos abierto la puerta a nuevas aventuras espaciales, quizá para algunos ya en los terrenos de la ciencia ficción, como son el establecimiento de colonias en otros planetas o la minería espacial. Es importante recalcar que estos logros no podrían haberse concretado sin inversión pública. Es obligación de los gobiernos invertir en la investigación científica, social, básica o aplicada, con la finalidad de generar conocimiento útil para las personas. En ese sentido la comunidad científica de Morelos sigue en espera que que la reciba la comisión de Hacienda del Congreso de Morelos, presidida por la diputada Rosalina Mazari, para discutir el presupuesto estatal 2020 en ciencia, tecnología e innovación esperando que no se repita lo del año pasado, cuando por primera vez en treinta años no se le asignó ni un solo peso a este sector.


Información adicional de éste y otros temas de interés: http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

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