/ miércoles 4 de mayo de 2022

Hablemos de trabajo

La conmemoración del día del trabajo el pasado 1 de mayo ha servido para recordar que la pandemia de la COVID-19 ha impactado duramente en el desarrollo económico de México y el mundo.

Es sumamente incoherente que la sociedad celebre un hecho que no ha logrado afianzar la equidad social, política ni, mucho menos, económica debido a las condiciones generales que se ofrecen en los empleos modernos. De hecho, hay que recordar que los efectos sanitarios han impactado duramente a la situación laboral en el mundo, tanto como que, tan solo en nuestro país, se perdieron casi 350,000 empleos en los primeros 15 días de pandemia en el año 2020.

Justo al decretarse la pandemia, se estimaba que los efectos serían demoledores al grado de proyectar que al final de la misma se perderían alrededor de 300 millones de empleos a nivel global donde la región latinoamericana aportaría casi un 10%, a pesar de ello, no se llegó a esa cifra –aún–, pero en este año ya vamos en 207 millones.

Por otro lado, la catástrofe laboral vivida regularmente en los países subdesarrollados se vio exponenciada luego de que la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) sugiriera una lenta recuperación del empleo y el riesgo de una mayor desigualdad, y aunque la tendencia va a la baja luego de encontrar el punto máximo de desempleo en el 2020, el mundo todavía trae más de un 10% de pérdida de empleos que al inicio de la misma.

En términos generales, es importante mencionar que no porque la cantidad sea tan alta significa que sea igual en todas las regiones, por lo que las grandes discrepancias deberán de ser atendidas por los generadores de empleos, tanto los gobiernos en su nómina burocrática, como la relación y apoyo que puedan generar para el sector privado, tanto en el nivel macro, como en el micro y pequeño.

Como ejemplo de la idea anterior hay que mencionar las diferencias abismales que existen entre regiones, pues mientras que en lugares como Asia Oriental y Meridional hay poco más de 40 millones de desempleados, existen otras zonas en el mundo, como en los estados árabes, que apenas llegan a los 5 millones.

En el caso de México la situación es muy compleja, pues la OIT establece que, de los 28 millones de desempleados existentes en América Latina y el Caribe, un 7.8% está solamente en nuestro país; y no con esto se piense que sea un problema gravísimo el caso mexicano, sino que el tamaño de su población también afecta a que este porcentaje sea mayor.

Sin embargo, habrá que ver si el vaso está medio lleno o medio vacío, porque si comparamos a México con la región de Norteamérica, nuestro indicador sube a un 27% con respecto a las tres naciones del área, lo que podría darnos una visión distinta de nuestra posición y lo que el gobierno hace para mejorarla.

Es así que los gobiernos y las empresas deben de entender que el mundo ha cambiado, que las ofertas laborales deben de adaptarse a un entorno que ha evolucionado y que busca más y mejores oportunidades de recuperación pospandémica, esto es, entender que la población y la mano de obra tiene una nueva orientación laboral, donde se demandan mejores resultados que coadyuven al desarrollo global y a la recuperación económica, pero también se necesita que las nuevas necesidades y oportunidades de mercado atiendan la mejor oferta laboral, no solo para los más privilegiados, sino para todos en general.

Es, entonces, menester de la sociedad generar, buscar y hasta modificar las condiciones sociales del trabajo para cubrir la demanda y darle la vuelta a lo que la pandemia vino a traer y acrecentar.

Twitter: @fabrecam

La conmemoración del día del trabajo el pasado 1 de mayo ha servido para recordar que la pandemia de la COVID-19 ha impactado duramente en el desarrollo económico de México y el mundo.

Es sumamente incoherente que la sociedad celebre un hecho que no ha logrado afianzar la equidad social, política ni, mucho menos, económica debido a las condiciones generales que se ofrecen en los empleos modernos. De hecho, hay que recordar que los efectos sanitarios han impactado duramente a la situación laboral en el mundo, tanto como que, tan solo en nuestro país, se perdieron casi 350,000 empleos en los primeros 15 días de pandemia en el año 2020.

Justo al decretarse la pandemia, se estimaba que los efectos serían demoledores al grado de proyectar que al final de la misma se perderían alrededor de 300 millones de empleos a nivel global donde la región latinoamericana aportaría casi un 10%, a pesar de ello, no se llegó a esa cifra –aún–, pero en este año ya vamos en 207 millones.

Por otro lado, la catástrofe laboral vivida regularmente en los países subdesarrollados se vio exponenciada luego de que la propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) sugiriera una lenta recuperación del empleo y el riesgo de una mayor desigualdad, y aunque la tendencia va a la baja luego de encontrar el punto máximo de desempleo en el 2020, el mundo todavía trae más de un 10% de pérdida de empleos que al inicio de la misma.

En términos generales, es importante mencionar que no porque la cantidad sea tan alta significa que sea igual en todas las regiones, por lo que las grandes discrepancias deberán de ser atendidas por los generadores de empleos, tanto los gobiernos en su nómina burocrática, como la relación y apoyo que puedan generar para el sector privado, tanto en el nivel macro, como en el micro y pequeño.

Como ejemplo de la idea anterior hay que mencionar las diferencias abismales que existen entre regiones, pues mientras que en lugares como Asia Oriental y Meridional hay poco más de 40 millones de desempleados, existen otras zonas en el mundo, como en los estados árabes, que apenas llegan a los 5 millones.

En el caso de México la situación es muy compleja, pues la OIT establece que, de los 28 millones de desempleados existentes en América Latina y el Caribe, un 7.8% está solamente en nuestro país; y no con esto se piense que sea un problema gravísimo el caso mexicano, sino que el tamaño de su población también afecta a que este porcentaje sea mayor.

Sin embargo, habrá que ver si el vaso está medio lleno o medio vacío, porque si comparamos a México con la región de Norteamérica, nuestro indicador sube a un 27% con respecto a las tres naciones del área, lo que podría darnos una visión distinta de nuestra posición y lo que el gobierno hace para mejorarla.

Es así que los gobiernos y las empresas deben de entender que el mundo ha cambiado, que las ofertas laborales deben de adaptarse a un entorno que ha evolucionado y que busca más y mejores oportunidades de recuperación pospandémica, esto es, entender que la población y la mano de obra tiene una nueva orientación laboral, donde se demandan mejores resultados que coadyuven al desarrollo global y a la recuperación económica, pero también se necesita que las nuevas necesidades y oportunidades de mercado atiendan la mejor oferta laboral, no solo para los más privilegiados, sino para todos en general.

Es, entonces, menester de la sociedad generar, buscar y hasta modificar las condiciones sociales del trabajo para cubrir la demanda y darle la vuelta a lo que la pandemia vino a traer y acrecentar.

Twitter: @fabrecam

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