Daniel Martínez

  / martes 9 de octubre de 2018

Espiando al Cuauh…

Debe haber alguien que considere que las conversaciones que se desarrollan en el gobierno del estado de Morelos son verdaderamente apasionantes como para colocar aparatos de escucha y darse a la tarea de espiar denodadamente las charlas entre Cuauhtémoc Blanco Bravo y quienes le acompañan en la sin duda emocionante tarea de gobernar el estado. Porque los cableados y micrófonos ahí están y sólo a una mente sumamente retorcida se le ocurriría inventar una novela semejante; así que no le queda a uno más que reconocer que el hecho se dio y que alguien tiene una vida tan descomunalmente aburrida (o nulo acceso a servicios de televisión directa o a consolas de videojuegos), como para ponerse a escuchar una serie de intercambios verbales de un gobierno que no ha iniciado mostrando discreción ni afición por las cofradías.

Al gobernador y su gabinete no es necesario espiarlos, para enterarse de lo que hacen en la función pública porque lo cantan a diario, a veces incluso con una absoluta imprudencia, antes de tener los datos concretos. No es que sean aficionados a las filtraciones, conste, es que no entienden lo que es una filtración porque tienen enormes arroyos de información, y eso está bien, aunque habría siempre que recomendar algo de mesura. Además, en todo caso, lo interesante de los golpes gubernamentales que se preparan se encuentra en documentos de auditoría, licitaciones, convocatorias, cuya representación oral en una oficina resultaría francamente absurda.


Quienes espían al gobierno estatal, entonces, no van por la gestión gubernamental (si así fuera hablaríamos de hackeo más que de escucha), sino por lo que en el terreno de lo personal podría ocurrir en las oficinas de gobierno. Una reunión con importantes empresarios no parece digna de espiarse en tanto la visita de importantes empresarios a oficinas gubernamentales llama la atención y por lo mismo se convierte en pública. Cuando referimos entonces a lo personal, nos ubicamos más en la esfera de lo íntimo, de la información de escándalo tipo revista del corazón. No es extraño, dada la proclividad al escándalo rupestre que ha adquirido la vida política en Morelos desde antes de la llegada de Cuauhtémoc Blanco. La probabilidad de que alguien espíe a algunos miembros del gabinete del gobernador para armar escándalos sobre la vida íntima de esos miembros del equipo es mucho más alta que el cálculo que pudiera hacerse de encontrar un enorme escándalo financiero, si tales llegaran a existir se darán a conocer sonoramente por un equipo acostumbrado al señalamiento, a la acusación, a producir los escándalos.


¿Pueden pescar a algún miembro del gabinete o al mismo gobernador en un escándalo íntimo? La pregunta es insultante por irrelevante, la gente votó por una figura famosa acompañada de un grupo de sujetos a quienes prestó esa fama. La fascinación que la intimidad del Cuauh y su equipo provoca en la gente ya existe y ha sido alimentada por ese que el hoy gobernador es en lo íntimo. Es irrelevante para la función pública la ordenada o azarosa vida que esta particular camada de políticos tenga, la gente lo sabe, conoce a Blanco Bravo y conociéndolo votó por él. En todo caso, los únicos que pudieran escandalizarse de quién es Cuauhtémoc en privado ya estaban escandalizados desde antes y seguramente no votaron por él y serán sus críticos durante toda la administración, lo que es totalmente sano.


La escucha al gobernador es inútil entonces, ¿a quién se le habrá ocurrido tarea tan insulsa? Probablemente a los mismos que creyeron que era buena idea armarle una campaña negativa de casi tres años que acabó por encumbrarlo a la gubernatura. Qué nivel, qué genialidad.


Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Debe haber alguien que considere que las conversaciones que se desarrollan en el gobierno del estado de Morelos son verdaderamente apasionantes como para colocar aparatos de escucha y darse a la tarea de espiar denodadamente las charlas entre Cuauhtémoc Blanco Bravo y quienes le acompañan en la sin duda emocionante tarea de gobernar el estado. Porque los cableados y micrófonos ahí están y sólo a una mente sumamente retorcida se le ocurriría inventar una novela semejante; así que no le queda a uno más que reconocer que el hecho se dio y que alguien tiene una vida tan descomunalmente aburrida (o nulo acceso a servicios de televisión directa o a consolas de videojuegos), como para ponerse a escuchar una serie de intercambios verbales de un gobierno que no ha iniciado mostrando discreción ni afición por las cofradías.

Al gobernador y su gabinete no es necesario espiarlos, para enterarse de lo que hacen en la función pública porque lo cantan a diario, a veces incluso con una absoluta imprudencia, antes de tener los datos concretos. No es que sean aficionados a las filtraciones, conste, es que no entienden lo que es una filtración porque tienen enormes arroyos de información, y eso está bien, aunque habría siempre que recomendar algo de mesura. Además, en todo caso, lo interesante de los golpes gubernamentales que se preparan se encuentra en documentos de auditoría, licitaciones, convocatorias, cuya representación oral en una oficina resultaría francamente absurda.


Quienes espían al gobierno estatal, entonces, no van por la gestión gubernamental (si así fuera hablaríamos de hackeo más que de escucha), sino por lo que en el terreno de lo personal podría ocurrir en las oficinas de gobierno. Una reunión con importantes empresarios no parece digna de espiarse en tanto la visita de importantes empresarios a oficinas gubernamentales llama la atención y por lo mismo se convierte en pública. Cuando referimos entonces a lo personal, nos ubicamos más en la esfera de lo íntimo, de la información de escándalo tipo revista del corazón. No es extraño, dada la proclividad al escándalo rupestre que ha adquirido la vida política en Morelos desde antes de la llegada de Cuauhtémoc Blanco. La probabilidad de que alguien espíe a algunos miembros del gabinete del gobernador para armar escándalos sobre la vida íntima de esos miembros del equipo es mucho más alta que el cálculo que pudiera hacerse de encontrar un enorme escándalo financiero, si tales llegaran a existir se darán a conocer sonoramente por un equipo acostumbrado al señalamiento, a la acusación, a producir los escándalos.


¿Pueden pescar a algún miembro del gabinete o al mismo gobernador en un escándalo íntimo? La pregunta es insultante por irrelevante, la gente votó por una figura famosa acompañada de un grupo de sujetos a quienes prestó esa fama. La fascinación que la intimidad del Cuauh y su equipo provoca en la gente ya existe y ha sido alimentada por ese que el hoy gobernador es en lo íntimo. Es irrelevante para la función pública la ordenada o azarosa vida que esta particular camada de políticos tenga, la gente lo sabe, conoce a Blanco Bravo y conociéndolo votó por él. En todo caso, los únicos que pudieran escandalizarse de quién es Cuauhtémoc en privado ya estaban escandalizados desde antes y seguramente no votaron por él y serán sus críticos durante toda la administración, lo que es totalmente sano.


La escucha al gobernador es inútil entonces, ¿a quién se le habrá ocurrido tarea tan insulsa? Probablemente a los mismos que creyeron que era buena idea armarle una campaña negativa de casi tres años que acabó por encumbrarlo a la gubernatura. Qué nivel, qué genialidad.


Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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