/ miércoles 5 de junio de 2024

Elecciones 2024: entre la crisis climática y aproximaciones a la extrema derecha

Por Alva Cecilia Montelongo

En 2024, la dinámica mundial está marcada por un panorama socioeconómico y político complejo. Las elecciones en múltiples países, como Estados Unidos, Alemania, México, entre otros, así como las del parlamento europeo, reflejan la polarización y el descontento social, influenciados por la inflación, la recuperación económica post-pandemia y las crecientes desigualdades. Las tensiones geopolíticas persisten, especialmente en torno al conflicto entre Ucrania y Rusia, la rivalidad entre China y Taiwán y el genocidio sin precedentes por parte de Israel a Palestina. Simultáneamente, el cambio climático y los eventos climáticos extremos han dejado en evidencia que el sostenimiento del sistema capitalista actual resulta imposible, planteando nuevos paradigmas donde la crisis climática no es solo una crisis ambiental, sino también una crisis política y ética que requiere un replanteamiento fundamental de nuestras relaciones con el medio ambiente y entre nosotros mismos.

Aunado a esto, el fenómeno de la gentrificación se ha sumado a la lista de síntomas arraigados en el sistema económico y político dominante, que no solo ha transformado los paisajes urbanos, sino que también ha afectado profundamente las dinámicas sociales y culturales de las comunidades afectadas. A menudo conduce a la expulsión de residentes de bajos ingresos y la homogeneización de los espacios urbanos, creando entornos más exclusivos y atractivos para la clase media y alta. Además, contribuye a la pérdida de la diversidad cultural y al deterioro de los lazos comunitarios, enfatizando cómo las ciudades gentrificadas se convierten en espacios despersonalizados y mercantilizados. La gentrificación está vinculada a la lógica del capitalismo neoliberal, que privilegia el beneficio económico sobre el bienestar social y la autenticidad cultural.

Esta crisis mundial multidimensional ha acentuado al fenómeno de la alternancia política hacia la extrema derecha debido a los momentos de incertidumbre económica, desempleo o estancamiento, donde la promesa de políticas económicas proteccionistas y medidas de austeridad puede resonar entre aquellos que buscan estabilidad financiera y seguridad laboral. Además, preocupaciones sobre la inmigración, el cambio cultural y la seguridad nacional pueden alimentar un sentimiento de temor y desconfianza hacia los partidos establecidos, llevan a algunos ciudadanos a respaldar a los partidos de extrema derecha, que prometen soluciones simplistas como cerrar fronteras y expulsar inmigrantes. Además, la percepción de una pérdida de identidad cultural y tradiciones puede llevar a las personas a buscar en la extrema derecha una defensa de la identidad nacional y los valores tradicionales. En última instancia, el deseo de desafiar el status quo y la desilusión con las instituciones políticas convencionales pueden llevar a los ciudadanos a buscar alternativas radicales, lo que contribuye al apoyo a la extrema derecha.

No obstante, estos fenómenos políticos que han devuelto a la vida en el panorama internacional a la derecha también han despertado a la izquierda como un contrapeso importante que busca en las ideas progresistas, su afianzamiento en los espacios públicos. En recientes fechas, estudios sobre identidades políticas destaca varias tendencias notables en la sociedad. En primer lugar, se ha observado una polarización creciente entre las identidades políticas de hombres y mujeres. Según los datos, los hombres tienden a volverse más conservadores, mientras que las mujeres muestran una tendencia hacia posiciones más liberales. Esta división se ha ampliado en los últimos años, reflejando cambios significativos en las dinámicas socioeconómicas y culturales. Las investigaciones también subrayan que las identidades políticas están influenciadas por factores como la educación, la ubicación geográfica y la exposición a diferentes medios de comunicación. Además, se señala que la confianza en los medios de comunicación tradicionales ha disminuido, lo que contribuye a la polarización y la segmentación de audiencias basadas en fuentes de noticias alternativas que a menudo refuerzan sesgos preexistentes. Estas tendencias reflejan un cambio en la forma en que diferentes grupos demográficos interactúan con la política y las noticias, afectando la cohesión social y la capacidad de generar consensos políticos. La polarización no solo se manifiesta en el ámbito político, sino también en la percepción de temas cruciales como la justicia social, la economía y la política exterior.

Si la izquierda liberal por su incapacidad para ofrecer alternativas viables a la autodestrucción, como a la derecha fascista por su propaganda insidiosa, son divisiones tan tradicionales que no empatan con la dinámica actual entonces ¿qué nos queda?

Vivimos un año donde las crisis se entrelazan y escalan, poniendo en peligro nuestra supervivencia colectiva, y donde las antiguas concepciones políticas parecen tan claras pero tan difuminadas a la vez que la única forma de prevenir una catástrofe global es asumir que ya ha ocurrido, una postura que implica que debemos actuar como si estuviéramos más allá del punto de no retorno. Un nuevo espacio de política radical que pueda prevenir el curso hacia la autodestrucción, enfatizando la necesidad de acción inmediata y reinterpretación histórica para crear un futuro sostenible y evitar catástrofes inminentes. La idea de una “democracia ambiental” donde la participación comunitaria en que las personas tengan voz y voto en cómo se manejan los recursos naturales en sus propios entornos, lleven a una Justicia Ambiental, que es social y económica a la vez, contra el Neoliberalismo y la Globalización Corporativa, que son fuerzas económicas que erosionan la democracia y conducen a la explotación de los recursos naturales sin tener en cuenta las consecuencias ambientales y sociales.

En esta narrativa, la idea de que "no importa quién gobierne, lo que importa es que dé resultados" refleja el frenesí contemporáneo de que, independientemente de la afiliación política o ideológica de un gobierno, lo más importante es que logre cumplir con las expectativas y abordar los problemas que enfrenta cada país. Los ciudadanos estamos más preocupados por el impacto tangible de las políticas y acciones gubernamentales en nuestras vidas cotidianas que por la etiqueta partidista del gobierno en el poder, nos queda participar de manera informada y activa en el proceso democrático.

ALVA CECILIA MONTELONGO PUENTE es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPYS-UNAM). Auditora en Comercio Exterior en el Servicio de Administración Tributaria (SHCP-SAT). Investigadora Asociada en el proyecto de investigación de Ciencia de Frontera (CONACYT): Pandemia, Capitalismo Digital y Nuevas Desigualdades. Designada para el programa Weltwärtz para el sur global de la Deutsches Rotes Kreuz (DKR) en Alemania. Pueden seguirla en X como @cecitamonty

Por Alva Cecilia Montelongo

En 2024, la dinámica mundial está marcada por un panorama socioeconómico y político complejo. Las elecciones en múltiples países, como Estados Unidos, Alemania, México, entre otros, así como las del parlamento europeo, reflejan la polarización y el descontento social, influenciados por la inflación, la recuperación económica post-pandemia y las crecientes desigualdades. Las tensiones geopolíticas persisten, especialmente en torno al conflicto entre Ucrania y Rusia, la rivalidad entre China y Taiwán y el genocidio sin precedentes por parte de Israel a Palestina. Simultáneamente, el cambio climático y los eventos climáticos extremos han dejado en evidencia que el sostenimiento del sistema capitalista actual resulta imposible, planteando nuevos paradigmas donde la crisis climática no es solo una crisis ambiental, sino también una crisis política y ética que requiere un replanteamiento fundamental de nuestras relaciones con el medio ambiente y entre nosotros mismos.

Aunado a esto, el fenómeno de la gentrificación se ha sumado a la lista de síntomas arraigados en el sistema económico y político dominante, que no solo ha transformado los paisajes urbanos, sino que también ha afectado profundamente las dinámicas sociales y culturales de las comunidades afectadas. A menudo conduce a la expulsión de residentes de bajos ingresos y la homogeneización de los espacios urbanos, creando entornos más exclusivos y atractivos para la clase media y alta. Además, contribuye a la pérdida de la diversidad cultural y al deterioro de los lazos comunitarios, enfatizando cómo las ciudades gentrificadas se convierten en espacios despersonalizados y mercantilizados. La gentrificación está vinculada a la lógica del capitalismo neoliberal, que privilegia el beneficio económico sobre el bienestar social y la autenticidad cultural.

Esta crisis mundial multidimensional ha acentuado al fenómeno de la alternancia política hacia la extrema derecha debido a los momentos de incertidumbre económica, desempleo o estancamiento, donde la promesa de políticas económicas proteccionistas y medidas de austeridad puede resonar entre aquellos que buscan estabilidad financiera y seguridad laboral. Además, preocupaciones sobre la inmigración, el cambio cultural y la seguridad nacional pueden alimentar un sentimiento de temor y desconfianza hacia los partidos establecidos, llevan a algunos ciudadanos a respaldar a los partidos de extrema derecha, que prometen soluciones simplistas como cerrar fronteras y expulsar inmigrantes. Además, la percepción de una pérdida de identidad cultural y tradiciones puede llevar a las personas a buscar en la extrema derecha una defensa de la identidad nacional y los valores tradicionales. En última instancia, el deseo de desafiar el status quo y la desilusión con las instituciones políticas convencionales pueden llevar a los ciudadanos a buscar alternativas radicales, lo que contribuye al apoyo a la extrema derecha.

No obstante, estos fenómenos políticos que han devuelto a la vida en el panorama internacional a la derecha también han despertado a la izquierda como un contrapeso importante que busca en las ideas progresistas, su afianzamiento en los espacios públicos. En recientes fechas, estudios sobre identidades políticas destaca varias tendencias notables en la sociedad. En primer lugar, se ha observado una polarización creciente entre las identidades políticas de hombres y mujeres. Según los datos, los hombres tienden a volverse más conservadores, mientras que las mujeres muestran una tendencia hacia posiciones más liberales. Esta división se ha ampliado en los últimos años, reflejando cambios significativos en las dinámicas socioeconómicas y culturales. Las investigaciones también subrayan que las identidades políticas están influenciadas por factores como la educación, la ubicación geográfica y la exposición a diferentes medios de comunicación. Además, se señala que la confianza en los medios de comunicación tradicionales ha disminuido, lo que contribuye a la polarización y la segmentación de audiencias basadas en fuentes de noticias alternativas que a menudo refuerzan sesgos preexistentes. Estas tendencias reflejan un cambio en la forma en que diferentes grupos demográficos interactúan con la política y las noticias, afectando la cohesión social y la capacidad de generar consensos políticos. La polarización no solo se manifiesta en el ámbito político, sino también en la percepción de temas cruciales como la justicia social, la economía y la política exterior.

Si la izquierda liberal por su incapacidad para ofrecer alternativas viables a la autodestrucción, como a la derecha fascista por su propaganda insidiosa, son divisiones tan tradicionales que no empatan con la dinámica actual entonces ¿qué nos queda?

Vivimos un año donde las crisis se entrelazan y escalan, poniendo en peligro nuestra supervivencia colectiva, y donde las antiguas concepciones políticas parecen tan claras pero tan difuminadas a la vez que la única forma de prevenir una catástrofe global es asumir que ya ha ocurrido, una postura que implica que debemos actuar como si estuviéramos más allá del punto de no retorno. Un nuevo espacio de política radical que pueda prevenir el curso hacia la autodestrucción, enfatizando la necesidad de acción inmediata y reinterpretación histórica para crear un futuro sostenible y evitar catástrofes inminentes. La idea de una “democracia ambiental” donde la participación comunitaria en que las personas tengan voz y voto en cómo se manejan los recursos naturales en sus propios entornos, lleven a una Justicia Ambiental, que es social y económica a la vez, contra el Neoliberalismo y la Globalización Corporativa, que son fuerzas económicas que erosionan la democracia y conducen a la explotación de los recursos naturales sin tener en cuenta las consecuencias ambientales y sociales.

En esta narrativa, la idea de que "no importa quién gobierne, lo que importa es que dé resultados" refleja el frenesí contemporáneo de que, independientemente de la afiliación política o ideológica de un gobierno, lo más importante es que logre cumplir con las expectativas y abordar los problemas que enfrenta cada país. Los ciudadanos estamos más preocupados por el impacto tangible de las políticas y acciones gubernamentales en nuestras vidas cotidianas que por la etiqueta partidista del gobierno en el poder, nos queda participar de manera informada y activa en el proceso democrático.

ALVA CECILIA MONTELONGO PUENTE es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPYS-UNAM). Auditora en Comercio Exterior en el Servicio de Administración Tributaria (SHCP-SAT). Investigadora Asociada en el proyecto de investigación de Ciencia de Frontera (CONACYT): Pandemia, Capitalismo Digital y Nuevas Desigualdades. Designada para el programa Weltwärtz para el sur global de la Deutsches Rotes Kreuz (DKR) en Alemania. Pueden seguirla en X como @cecitamonty