/ domingo 8 de noviembre de 2020

El fin de la era Trump

La administración de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos se caracterizó por un rechazo absoluto a la evidencia científica. Comenzando con la negación del cambio climático como un fenómeno generado por la quema masiva de combustibles fósiles que atizó su polémica decisión de retirarse del Tratado de París. Bajo esa premisa redirigió la política energética de su país de regreso al petróleo y al carbón.

La comunidad científica respondió con la Marcha por la Ciencia del 22 de abril de 2017 que reunió más de un millón de personas en protesta por el recorte en financiamiento para la ciencia y el uso faccioso de la evidencia científica en la toma de decisiones de gobierno.

El inevitable conflicto que le llegó a generar esta decisión con respecto a la información que los mismos investigadores del gobierno publicaban orilló a un decreto en el que todas las comunicaciones generadas en los institutos federales al respecto del cambio climático deberían pasar por la revisión del área de prensa de la Casa Blanca.

La relación de la administración Trump con la ciencia empeoró todavía más con la llegada de la pandemia de COVID-19 cuando el presidente decide crear un grupo asesor alterno al Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas con lo que se genera un inevitable conflicto con su director el inmunologo Anthony Fauci quien fue impedido en ocasiones de hacer declaraciones a la prensa.

Este grupo asesor dominó en la práctica al CDC, Centro de Control de Enfermedades, institución que tiene entre sus facultades el seguimiento de enfermedades infecciosas, ocasionando en más de una ocasión que el CDC tuviera que retirar sus recomendaciones sobre todo aquellas dirigidas a la reducción de movilidad y al uso de cubrebocas, un tema que el presidente Trump tomó como bandera politizándolo.

La urgencia del presidente por cambiar la percepción pública sobre el manejo de la pandemia lo llevó a hacer declaraciones aventuradas como, por ejemplo, asegurar que los estadounidenses contarían con una vacuna antes del 3 de noviembre, día de las elecciones. Otras declaraciones fueron inclusive peligrosas, como cuando recomendó la ingesta de cloro para prevenir el contagio. Algunas otras tuvieron tintes comerciales como cuando anunció sin evidencias que lo soportaran que la hidroxicloroquina tenía efectos benéficos en el tratamiento de pacientes graves cuando la empresa que la produce es de su país.

A la par de que se generaba un multimillonario proyecto de apoyo para el desarrollo de vacunas llamado Velocidad de la Luz (Warp Speed) dirigido a la industria farmaceútica se recorta el dinero para la investigación en las universidades públicas con lo que se les pone en desventaja frente a las privadas y a las del resto del mundo para el desarrollo de solucions.

La experiencia de la era Trump llevó a las asociones científicas que normalmente no se expresan en temas electorales a llamar a la sociedad a no dar continuidad a la administración. Es más, la prestigiada revista científica Nature recomendó al presidente electo Joe Biden que emita lineamientos que restrinjan su propio poder en aras del manejo técnico con base en evidencia científica de los asuntos gubernamentales.

El discurso de Joe Biden después de saberse ganador de las elecciones enmarca con toda claridad que su relación con la ciencia y los científicos debe volver a la normalidad comenzando con un replanteamiento completo del manejo de la pandemia. Sin embargo, el cambio de gobierno será hasta el 20 de enero, por lo que todavía podrían morir más de 50 mil personas. Esperemos que las nuevas medidas impacten positivamente en ese país y que sirva de ejemplo para el nuestro, que tanto lo necesita.


Información adicional de éste y otros temas de interés visiten:

http://reivindicandoapluton.blogspot.mx

https://www.facebook.com/BValderramaB/

La administración de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos se caracterizó por un rechazo absoluto a la evidencia científica. Comenzando con la negación del cambio climático como un fenómeno generado por la quema masiva de combustibles fósiles que atizó su polémica decisión de retirarse del Tratado de París. Bajo esa premisa redirigió la política energética de su país de regreso al petróleo y al carbón.

La comunidad científica respondió con la Marcha por la Ciencia del 22 de abril de 2017 que reunió más de un millón de personas en protesta por el recorte en financiamiento para la ciencia y el uso faccioso de la evidencia científica en la toma de decisiones de gobierno.

El inevitable conflicto que le llegó a generar esta decisión con respecto a la información que los mismos investigadores del gobierno publicaban orilló a un decreto en el que todas las comunicaciones generadas en los institutos federales al respecto del cambio climático deberían pasar por la revisión del área de prensa de la Casa Blanca.

La relación de la administración Trump con la ciencia empeoró todavía más con la llegada de la pandemia de COVID-19 cuando el presidente decide crear un grupo asesor alterno al Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas con lo que se genera un inevitable conflicto con su director el inmunologo Anthony Fauci quien fue impedido en ocasiones de hacer declaraciones a la prensa.

Este grupo asesor dominó en la práctica al CDC, Centro de Control de Enfermedades, institución que tiene entre sus facultades el seguimiento de enfermedades infecciosas, ocasionando en más de una ocasión que el CDC tuviera que retirar sus recomendaciones sobre todo aquellas dirigidas a la reducción de movilidad y al uso de cubrebocas, un tema que el presidente Trump tomó como bandera politizándolo.

La urgencia del presidente por cambiar la percepción pública sobre el manejo de la pandemia lo llevó a hacer declaraciones aventuradas como, por ejemplo, asegurar que los estadounidenses contarían con una vacuna antes del 3 de noviembre, día de las elecciones. Otras declaraciones fueron inclusive peligrosas, como cuando recomendó la ingesta de cloro para prevenir el contagio. Algunas otras tuvieron tintes comerciales como cuando anunció sin evidencias que lo soportaran que la hidroxicloroquina tenía efectos benéficos en el tratamiento de pacientes graves cuando la empresa que la produce es de su país.

A la par de que se generaba un multimillonario proyecto de apoyo para el desarrollo de vacunas llamado Velocidad de la Luz (Warp Speed) dirigido a la industria farmaceútica se recorta el dinero para la investigación en las universidades públicas con lo que se les pone en desventaja frente a las privadas y a las del resto del mundo para el desarrollo de solucions.

La experiencia de la era Trump llevó a las asociones científicas que normalmente no se expresan en temas electorales a llamar a la sociedad a no dar continuidad a la administración. Es más, la prestigiada revista científica Nature recomendó al presidente electo Joe Biden que emita lineamientos que restrinjan su propio poder en aras del manejo técnico con base en evidencia científica de los asuntos gubernamentales.

El discurso de Joe Biden después de saberse ganador de las elecciones enmarca con toda claridad que su relación con la ciencia y los científicos debe volver a la normalidad comenzando con un replanteamiento completo del manejo de la pandemia. Sin embargo, el cambio de gobierno será hasta el 20 de enero, por lo que todavía podrían morir más de 50 mil personas. Esperemos que las nuevas medidas impacten positivamente en ese país y que sirva de ejemplo para el nuestro, que tanto lo necesita.


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