/ lunes 18 de octubre de 2021

El discurso reciclado

Hace algunos días se anunció que el gabinete del presidente peruano, Pedro Castillo, había sido destituido tras haber pasado, apenas, dos meses desde el inicio del gobierno, luego de que el período pasado tuvo, en tan solo cinco años, cuatro presidentes. Esta situación ocurre como consecuencia de que el jefe del gabinete peruano amenazara con cerrar el Congreso debido a tener diferencias ideológicas en torno a la nacionalización de las explotaciones de gas en el país andino; sin embargo, a pesar de que este movimiento deja mal parado al nuevo gobierno, la decisión de dimitir a Guido Bellido y al gabinete, por consecuencia, es un síntoma de que las decisiones autoritarias no deben volver a las naciones americanas donde tanto mal han hecho.

En contraparte, existen discursos que parecieran repetirse año tras año en las diferentes naciones de la región latinoamericana y que, sin explicación alguna, los pueblos y sociedades seguimos tolerando a pesar de haber jurado no volver a repetirlas. Me refiero puntualmente a los casos de El Salvador y de Brasil, donde se han llevado a cabo actos políticos que traen a la memoria los tiempos de los grandes dictadores latinoamericanos que tanto mal les hicieron a los países y que hundieron el crecimiento económico y el progreso democrático de la ciudadanía el siglo pasado.

En el caso de El Salvador, el discurso original del presidente Nayib Bukele donde decía “hoy ustedes decidirán cómo quieren ser gobernados porque hoy tendremos un gobierno del pueblo para el pueblo” contrasta con la última decisión tomada por la Corte Suprema donde se ha permitido que el presidente pueda ser reelecto de manera inmediata, justo unos meses después de la victoria electoral, avasalladora por cierto, del Partido Nuevas Ideas (donde el presidente es miembro) en las legislativas, es decir, todo el poder está de lado de Bukele. Sin embargo, aunque el presidente diga que él es solo la representación del pueblo, han surgido protestas masivas en su contra, no solo por este tema, sino también por la aprobación del uso del Bitcoin como divisa de uso y que, a decir de algunos salvadoreños, no traerá buenas consecuencias para la economía del país centroamericano.

Luego, para el caso de Brasil, el presidente Jair Bolsonaro ha declarado que los brasileños “no pueden permitir que se mantenga el sistema electoral actual y que no puede haber elecciones que siembren dudas”, esto tras haber sido rechazada una enmienda constitucional para reformar el sistema electoral enviada por el ejecutivo brasileño, provocando así que se planteara la posibilidad de que el propio presidente provoque la cancelación de los comicios electorales programados para el 2022. Al igual que con Bukele, su discurso es contrastante ya que, días después, el propio Bolsonaro ha comentado que sus declaraciones fueron hechas “al calor del momento” y que nunca tuvo la intención de agredir a ninguno de los poderes del Estado.

Es así que el análisis de ambas situaciones invita a la reflexión de si realmente estos presidentes del siglo XXI quieren y buscan el progreso de sus naciones o pretenden (realmente) regresar al pasado a través de prácticas ya conocidas como las descritas anteriormente, donde los resultados también ya se conocen. Para ejemplificar esto me referiré a los casi 60 años de gobierno de los Castro en Cuba, los 14 de Hugo Chávez en Venezuela, los 13 entre Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, los 9 de Rafael Correa en Ecuador, los 14 de Daniel Ortega en Nicaragua, los 12 de los Kirchner en Argentina, o los 13 de Evo Morales en Bolivia, quienes también en su primer mandato de gobierno amenazaron la democracia y modificaron a su modo las leyes para poder reelegirse.

Twitter @fabrecam

Hace algunos días se anunció que el gabinete del presidente peruano, Pedro Castillo, había sido destituido tras haber pasado, apenas, dos meses desde el inicio del gobierno, luego de que el período pasado tuvo, en tan solo cinco años, cuatro presidentes. Esta situación ocurre como consecuencia de que el jefe del gabinete peruano amenazara con cerrar el Congreso debido a tener diferencias ideológicas en torno a la nacionalización de las explotaciones de gas en el país andino; sin embargo, a pesar de que este movimiento deja mal parado al nuevo gobierno, la decisión de dimitir a Guido Bellido y al gabinete, por consecuencia, es un síntoma de que las decisiones autoritarias no deben volver a las naciones americanas donde tanto mal han hecho.

En contraparte, existen discursos que parecieran repetirse año tras año en las diferentes naciones de la región latinoamericana y que, sin explicación alguna, los pueblos y sociedades seguimos tolerando a pesar de haber jurado no volver a repetirlas. Me refiero puntualmente a los casos de El Salvador y de Brasil, donde se han llevado a cabo actos políticos que traen a la memoria los tiempos de los grandes dictadores latinoamericanos que tanto mal les hicieron a los países y que hundieron el crecimiento económico y el progreso democrático de la ciudadanía el siglo pasado.

En el caso de El Salvador, el discurso original del presidente Nayib Bukele donde decía “hoy ustedes decidirán cómo quieren ser gobernados porque hoy tendremos un gobierno del pueblo para el pueblo” contrasta con la última decisión tomada por la Corte Suprema donde se ha permitido que el presidente pueda ser reelecto de manera inmediata, justo unos meses después de la victoria electoral, avasalladora por cierto, del Partido Nuevas Ideas (donde el presidente es miembro) en las legislativas, es decir, todo el poder está de lado de Bukele. Sin embargo, aunque el presidente diga que él es solo la representación del pueblo, han surgido protestas masivas en su contra, no solo por este tema, sino también por la aprobación del uso del Bitcoin como divisa de uso y que, a decir de algunos salvadoreños, no traerá buenas consecuencias para la economía del país centroamericano.

Luego, para el caso de Brasil, el presidente Jair Bolsonaro ha declarado que los brasileños “no pueden permitir que se mantenga el sistema electoral actual y que no puede haber elecciones que siembren dudas”, esto tras haber sido rechazada una enmienda constitucional para reformar el sistema electoral enviada por el ejecutivo brasileño, provocando así que se planteara la posibilidad de que el propio presidente provoque la cancelación de los comicios electorales programados para el 2022. Al igual que con Bukele, su discurso es contrastante ya que, días después, el propio Bolsonaro ha comentado que sus declaraciones fueron hechas “al calor del momento” y que nunca tuvo la intención de agredir a ninguno de los poderes del Estado.

Es así que el análisis de ambas situaciones invita a la reflexión de si realmente estos presidentes del siglo XXI quieren y buscan el progreso de sus naciones o pretenden (realmente) regresar al pasado a través de prácticas ya conocidas como las descritas anteriormente, donde los resultados también ya se conocen. Para ejemplificar esto me referiré a los casi 60 años de gobierno de los Castro en Cuba, los 14 de Hugo Chávez en Venezuela, los 13 entre Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, los 9 de Rafael Correa en Ecuador, los 14 de Daniel Ortega en Nicaragua, los 12 de los Kirchner en Argentina, o los 13 de Evo Morales en Bolivia, quienes también en su primer mandato de gobierno amenazaron la democracia y modificaron a su modo las leyes para poder reelegirse.

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