César Arenas

  / miércoles 10 de octubre de 2018

El costo de los errores

No hemos llegado al primer mes, cuando ya se dan a conocer los primeros datos de percepción negativa sobre el desempeño futuro del nuevo gobierno. La encuesta aplicada ésta semana por El Sol de Cuernavaca es contundente: más del 60 por ciento de los participantes perciben que Cuauhtémoc Blanco no va a cumplir sus promesas.

Usualmente, los primeros días de gobierno son considerados como la luna de miel entre los ciudadanos y los gobernantes al encontrarse en el punto máximo del bono democrático, dado que existen tan pocas decisiones públicas que difícilmente se pone en riesgo la legitimidad política de los nuevos funcionarios.

El desencanto adelantado que parece producirse inusualmente en Morelos, ocurre cuando ni siquiera se han tomado decisiones serias en materia de seguridad, impuestos, presupuesto, combate a la corrupción, entre otros temas. Por ello, ésta mala percepción podría acentuarse aún más en los próximos meses con cada mala decisión o grave omisión que pueda presentarse.

Los errores cuestan y en el sector público se reflejan en episodios de inestabilidad, protesta social e ingobernabilidad y se expresan en el grado de aceptación o rechazo. El anterior gobierno estatal tuvo un rechazo casi desde el inicio y en el caso del gobierno federal saliente, comenzó a perder reputación institucional prácticamente antes de los primeros seis meses de gobierno.

Todos fuimos testigos del impacto que tuvieron en la credibilidad los errores del gobierno en los casos como la Casa Blanca, la Fuga del Chapo, Odebrech, Paradise

Papers y la desaparición de los 43 estudiantes; sólo por mencionar los de mayor impacto mediático. Frente al aumento generalizado de la violencia, la corrupción y la pobreza, el gobierno federal enfrentó estos fenómenos con discursos y decisiones que acusaban su poca sensibilidad ante una la realidad que parecía les era ajena.

La versión oficial encaró al populismo y lo acusó como responsable prácticamente de todos los males, es decir, usaron la maquinaria mediática y con ello cometieron nuevamente un error a pesar del surgimiento en todo el país de movimientos y protestas sociales, autodefensas, crisis humanitarias, desplazamientos forzados, crecimiento de la delincuencia organizada, homicidios, entre otros.

Utilizar a las instituciones para crear una verdad oficial y ocultar la verdad o evadir la justicia siempre tiene sus consecuencias. Fue un error que terminó por debilitar a las instituciones, de por sí ya débiles.

Ante los nombramientos oficiales para asumir cargos públicos y las recientes declaraciones sobre la situación económica del estado, Cuauhtémoc Blanco no está transmitiendo la esperanza que la gente esperaba con el nuevo gobierno. Por otro lado, no parece haber un plan general que guíe los primeros días de gobierno y en el ambiente público parece que cada titular lleva mano.

Recordemos que, en la administración pública, existe un mandato que impone formas, tiempos y plazos para cumplir con las obligaciones. Volver a los días en que la discrecionalidad era la regla y no la excepción sería un craso error y sus costos serían muy altos.

No hemos llegado al primer mes, cuando ya se dan a conocer los primeros datos de percepción negativa sobre el desempeño futuro del nuevo gobierno. La encuesta aplicada ésta semana por El Sol de Cuernavaca es contundente: más del 60 por ciento de los participantes perciben que Cuauhtémoc Blanco no va a cumplir sus promesas.

Usualmente, los primeros días de gobierno son considerados como la luna de miel entre los ciudadanos y los gobernantes al encontrarse en el punto máximo del bono democrático, dado que existen tan pocas decisiones públicas que difícilmente se pone en riesgo la legitimidad política de los nuevos funcionarios.

El desencanto adelantado que parece producirse inusualmente en Morelos, ocurre cuando ni siquiera se han tomado decisiones serias en materia de seguridad, impuestos, presupuesto, combate a la corrupción, entre otros temas. Por ello, ésta mala percepción podría acentuarse aún más en los próximos meses con cada mala decisión o grave omisión que pueda presentarse.

Los errores cuestan y en el sector público se reflejan en episodios de inestabilidad, protesta social e ingobernabilidad y se expresan en el grado de aceptación o rechazo. El anterior gobierno estatal tuvo un rechazo casi desde el inicio y en el caso del gobierno federal saliente, comenzó a perder reputación institucional prácticamente antes de los primeros seis meses de gobierno.

Todos fuimos testigos del impacto que tuvieron en la credibilidad los errores del gobierno en los casos como la Casa Blanca, la Fuga del Chapo, Odebrech, Paradise

Papers y la desaparición de los 43 estudiantes; sólo por mencionar los de mayor impacto mediático. Frente al aumento generalizado de la violencia, la corrupción y la pobreza, el gobierno federal enfrentó estos fenómenos con discursos y decisiones que acusaban su poca sensibilidad ante una la realidad que parecía les era ajena.

La versión oficial encaró al populismo y lo acusó como responsable prácticamente de todos los males, es decir, usaron la maquinaria mediática y con ello cometieron nuevamente un error a pesar del surgimiento en todo el país de movimientos y protestas sociales, autodefensas, crisis humanitarias, desplazamientos forzados, crecimiento de la delincuencia organizada, homicidios, entre otros.

Utilizar a las instituciones para crear una verdad oficial y ocultar la verdad o evadir la justicia siempre tiene sus consecuencias. Fue un error que terminó por debilitar a las instituciones, de por sí ya débiles.

Ante los nombramientos oficiales para asumir cargos públicos y las recientes declaraciones sobre la situación económica del estado, Cuauhtémoc Blanco no está transmitiendo la esperanza que la gente esperaba con el nuevo gobierno. Por otro lado, no parece haber un plan general que guíe los primeros días de gobierno y en el ambiente público parece que cada titular lleva mano.

Recordemos que, en la administración pública, existe un mandato que impone formas, tiempos y plazos para cumplir con las obligaciones. Volver a los días en que la discrecionalidad era la regla y no la excepción sería un craso error y sus costos serían muy altos.

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