Daniel Martínez

  / jueves 9 de mayo de 2019

Cuauh y la mafia...

Es entendible la cantidad de reacciones que el ataque a balazos sufrido por líderes sindicales de Cuernavaca que provocó dos muertes y heridas a dos personas más ha generado en contra del gobierno de Cuauhtémoc Blanco Bravo.

La mayoría de las declaraciones, sin embargo, parecen injustas e instaladas más en un clima negativo de opinión pública que generadas por lo acontecido a un costado de Palacio de Gobierno, dos homicidios que habrían sido ordenados, según apuntan las primeras indagatorias por alguien enemigo evidente de las víctimas directas y a quien poco le importaría el efecto que los hechos tuvieran sobre personas inocentes, el pánico que generaría a media mañana en el centro histórico, o el efecto negativo que tendrían sobre la imagen del gobierno estatal.

A pesar del miedo generalizado que provocan los hechos, tendríamos que apelar a la objetividad. Se cometió un doble homicidio en pleno centro de Cuernavaca, lo que es grave, pero los hechos no podrían haber sido impedidos por las fuerzas del orden que, en cambio, atraparon al presunto autor material en cuestión de minutos, como todos podrían haber previsto. Lo terrible de los hechos no tendría que distraernos del aparente origen del homicidio y de una serie de condiciones que favorecen la actividad criminal desde hace muchos años en el estado, entre ellas, las mafias sindicales que se han apoderado de las calles de Morelos bajo el cobijo de autoridades municipales y estatales y que parecen ser los protagonistas de esta edición de violencia.

Si, como dicen el padre de una de las víctimas, y muchos de quienes siguen de cerca las primeras investigaciones, el asunto tiene que ver con mafias sindicales, tendría que actuarse con todo el peso de la ley, y toda la fuerza del estado en tres vías: el castigo a los responsables, el reordenamiento forzoso del comercio ambulante, y la eliminación de los esquemas de corrupción que han permitido que las autoridades se hagan de la vista gorda ante las evidentes infracciones a la ley. La tolerancia en el caso de estas mafias ha generado la catástrofe que derivó en el drama de este miércoles. Por cierto, no hay elementos aún que permitan considerar que la administración estatal actual esté dispuesta a continuar con esa tolerancia, aunque tampoco hay evidencia de que haya terminado.

Claro que es terrible lo que pasó en el centro de Cuernavaca, cualquier muerte lo es. Pero culpar al gobierno estatal parece excesivo, mucho más cuando debiera preocuparnos a todos la eliminación de factores generadores de crimen un asunto urgente aunque sus resultados no sean tan veloces como todos quisiéramos.

Cierto que el esquema de seguridad debe reforzarse, con todo y los problemas evidentes que padecen la Comisión Estatal de Seguridad Pública y la Fiscalía General del Estado. En su conferencia de prensa de ayer, Cuauhtémoc Blanco advirtió lo mismo y dio instrucciones a la Comisión de Seguridad Pública para reforzar la vigilancia en todo el estado. Aún con esa instrucción, el embate de ciudadanos molestos continúa, entre otras cosas porque no es la primera vez que lo instruye, pero mucho más, porque hay hechos que escapan a cualquier posibilidad de control, como los ocurridos ayer y que derivarían no de las actividades criminales en sí mismas, sino del enfrentamiento abierto entre grupos de poder que sienten que pueden resolver las cosas a balazos. En un ambiente así, poco ayudarían las estrategias de seguridad comunes, tendría que revisarse un conjunto de acciones que restablezca el orden institucional y que permita el desarrollo en orden de todo el estado. Probablemente por ello en el gobierno estatal están tan seguros de que no se trata, el atentado de ayer, de un asunto de la delincuencia común.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Es entendible la cantidad de reacciones que el ataque a balazos sufrido por líderes sindicales de Cuernavaca que provocó dos muertes y heridas a dos personas más ha generado en contra del gobierno de Cuauhtémoc Blanco Bravo.

La mayoría de las declaraciones, sin embargo, parecen injustas e instaladas más en un clima negativo de opinión pública que generadas por lo acontecido a un costado de Palacio de Gobierno, dos homicidios que habrían sido ordenados, según apuntan las primeras indagatorias por alguien enemigo evidente de las víctimas directas y a quien poco le importaría el efecto que los hechos tuvieran sobre personas inocentes, el pánico que generaría a media mañana en el centro histórico, o el efecto negativo que tendrían sobre la imagen del gobierno estatal.

A pesar del miedo generalizado que provocan los hechos, tendríamos que apelar a la objetividad. Se cometió un doble homicidio en pleno centro de Cuernavaca, lo que es grave, pero los hechos no podrían haber sido impedidos por las fuerzas del orden que, en cambio, atraparon al presunto autor material en cuestión de minutos, como todos podrían haber previsto. Lo terrible de los hechos no tendría que distraernos del aparente origen del homicidio y de una serie de condiciones que favorecen la actividad criminal desde hace muchos años en el estado, entre ellas, las mafias sindicales que se han apoderado de las calles de Morelos bajo el cobijo de autoridades municipales y estatales y que parecen ser los protagonistas de esta edición de violencia.

Si, como dicen el padre de una de las víctimas, y muchos de quienes siguen de cerca las primeras investigaciones, el asunto tiene que ver con mafias sindicales, tendría que actuarse con todo el peso de la ley, y toda la fuerza del estado en tres vías: el castigo a los responsables, el reordenamiento forzoso del comercio ambulante, y la eliminación de los esquemas de corrupción que han permitido que las autoridades se hagan de la vista gorda ante las evidentes infracciones a la ley. La tolerancia en el caso de estas mafias ha generado la catástrofe que derivó en el drama de este miércoles. Por cierto, no hay elementos aún que permitan considerar que la administración estatal actual esté dispuesta a continuar con esa tolerancia, aunque tampoco hay evidencia de que haya terminado.

Claro que es terrible lo que pasó en el centro de Cuernavaca, cualquier muerte lo es. Pero culpar al gobierno estatal parece excesivo, mucho más cuando debiera preocuparnos a todos la eliminación de factores generadores de crimen un asunto urgente aunque sus resultados no sean tan veloces como todos quisiéramos.

Cierto que el esquema de seguridad debe reforzarse, con todo y los problemas evidentes que padecen la Comisión Estatal de Seguridad Pública y la Fiscalía General del Estado. En su conferencia de prensa de ayer, Cuauhtémoc Blanco advirtió lo mismo y dio instrucciones a la Comisión de Seguridad Pública para reforzar la vigilancia en todo el estado. Aún con esa instrucción, el embate de ciudadanos molestos continúa, entre otras cosas porque no es la primera vez que lo instruye, pero mucho más, porque hay hechos que escapan a cualquier posibilidad de control, como los ocurridos ayer y que derivarían no de las actividades criminales en sí mismas, sino del enfrentamiento abierto entre grupos de poder que sienten que pueden resolver las cosas a balazos. En un ambiente así, poco ayudarían las estrategias de seguridad comunes, tendría que revisarse un conjunto de acciones que restablezca el orden institucional y que permita el desarrollo en orden de todo el estado. Probablemente por ello en el gobierno estatal están tan seguros de que no se trata, el atentado de ayer, de un asunto de la delincuencia común.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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