Daniel Martínez

  / jueves 14 de febrero de 2019

Cuauh y el efecto denuncia…

Más allá de los efectos jurídicos que podría tener, la denuncia de hechos presentada por el gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo en contra de su antecesor, Graco Ramírez Garrido, era necesaria frente al balance deficitario que la primera quincena de febrero traía en contra de la imagen de Blanco Bravo y su gabinete. Porque no todo le ha salido bien al gobernador en los días recientes, particularmente en la esfera de lo público, donde se ha emprendido una campaña sistemática contra la que podría considerarse, desde fuera, su parte débil que ubican en su gabinete y particularmente en el elemento de su mayor confianza, José Manuel Sanz. Si a esto sumamos las acusaciones recientes de Santiago Nieto Castillo, ex titular de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, en que argumenta una presunta protección al hoy gobernador de parte de la Secretaría de Gobernación. Así, según algunos villamelones, la denuncia de hechos presentada por Cuauhtémoc Blanco viene bastante a tiempo para paliar, de alguna forma, el presunto daño que tendría su imagen.

Esta es una óptica equivocada para analizar el asunto. Lo es porque asume que la gente desconoce los defectos que se atribuyen a Blanco Bravo y a los miembros de su gabinete y que por lo mismo, al hacerse las acusaciones, el gobernador podría perder respaldos ciudadanos. Es equivocada porque el fenómeno que se presenta en Morelos, y en muchas partes del mundo, con la descomposición de la política tradicional, es que la gente busca alternativas de gobierno que tienen muchos defectos a la luz de cómo tradicionalmente se hace la política, y aún así les dan su respaldo por el hecho de no ser como los políticos tradicionales. Es decir, la gente sabe de la influencia de José Manuel Sanz sobre Cuauhtémoc Blanco desde la alcaldía de Cuernavaca. También saben porque fue profusamente difundido, el escándalo en torno a la residencia del hoy gobernador, desde antes de la campaña. Pese a la amplia difusión que se hizo a ambos temas, Cuauhtémoc Blanco logró el respaldo de más del 50 por ciento de los votantes. Lo dijimos en la campaña y lo repetimos ahora: no es que la gente esté desinformada, es que no le importa que Blanco Bravo no cumpla con los atributos de los políticos tradicionales.

Lo que no le hizo daño cuando era candidato a la alcaldía, o alcalde, o candidato a la gubernatura, tampoco se lo hará al hoy gobernador que podría, en todo caso, recibir reveses hoy por las fallas, la falta de resultados o el incumplimiento de sus promesas de campaña. En este sentido cabe aclarar que el estatuto por el que los morelenses califican a Blanco Bravo tiene poco que ver, según todo apunta, con la medición tradicional de los políticos. A Blanco Bravo se le juzga por su honestidad (en el sentido de congruencia entre sus palabras y su personalidad –en efecto, las acciones parecen importar menos), sencillez, la energía que proyecta, y la posibilidad de que sea el catalizador de los odios y anhelos de venganza de la gente contra la clase política que ha tenido a Morelos en estado de crisis permanente durante más de dos décadas. La denuncia de hechos contra Graco Ramírez está dirigida a atender ese juicio de la gente en vista de que el cúmulo de expedientes integrados por el gobierno del estado y enviados a la Fiscalía Anticorrupción, parecen registrar nulos avances.

El análisis del efecto de la denuncia en la imagen pública de Cuauhtémoc Blanco debería partir del principio fundamental de no medir con las herramientas de la política tradicional, la práctica que hoy se hace de la misma como sociedad del espectáculo.


Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

Más allá de los efectos jurídicos que podría tener, la denuncia de hechos presentada por el gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo en contra de su antecesor, Graco Ramírez Garrido, era necesaria frente al balance deficitario que la primera quincena de febrero traía en contra de la imagen de Blanco Bravo y su gabinete. Porque no todo le ha salido bien al gobernador en los días recientes, particularmente en la esfera de lo público, donde se ha emprendido una campaña sistemática contra la que podría considerarse, desde fuera, su parte débil que ubican en su gabinete y particularmente en el elemento de su mayor confianza, José Manuel Sanz. Si a esto sumamos las acusaciones recientes de Santiago Nieto Castillo, ex titular de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales, en que argumenta una presunta protección al hoy gobernador de parte de la Secretaría de Gobernación. Así, según algunos villamelones, la denuncia de hechos presentada por Cuauhtémoc Blanco viene bastante a tiempo para paliar, de alguna forma, el presunto daño que tendría su imagen.

Esta es una óptica equivocada para analizar el asunto. Lo es porque asume que la gente desconoce los defectos que se atribuyen a Blanco Bravo y a los miembros de su gabinete y que por lo mismo, al hacerse las acusaciones, el gobernador podría perder respaldos ciudadanos. Es equivocada porque el fenómeno que se presenta en Morelos, y en muchas partes del mundo, con la descomposición de la política tradicional, es que la gente busca alternativas de gobierno que tienen muchos defectos a la luz de cómo tradicionalmente se hace la política, y aún así les dan su respaldo por el hecho de no ser como los políticos tradicionales. Es decir, la gente sabe de la influencia de José Manuel Sanz sobre Cuauhtémoc Blanco desde la alcaldía de Cuernavaca. También saben porque fue profusamente difundido, el escándalo en torno a la residencia del hoy gobernador, desde antes de la campaña. Pese a la amplia difusión que se hizo a ambos temas, Cuauhtémoc Blanco logró el respaldo de más del 50 por ciento de los votantes. Lo dijimos en la campaña y lo repetimos ahora: no es que la gente esté desinformada, es que no le importa que Blanco Bravo no cumpla con los atributos de los políticos tradicionales.

Lo que no le hizo daño cuando era candidato a la alcaldía, o alcalde, o candidato a la gubernatura, tampoco se lo hará al hoy gobernador que podría, en todo caso, recibir reveses hoy por las fallas, la falta de resultados o el incumplimiento de sus promesas de campaña. En este sentido cabe aclarar que el estatuto por el que los morelenses califican a Blanco Bravo tiene poco que ver, según todo apunta, con la medición tradicional de los políticos. A Blanco Bravo se le juzga por su honestidad (en el sentido de congruencia entre sus palabras y su personalidad –en efecto, las acciones parecen importar menos), sencillez, la energía que proyecta, y la posibilidad de que sea el catalizador de los odios y anhelos de venganza de la gente contra la clase política que ha tenido a Morelos en estado de crisis permanente durante más de dos décadas. La denuncia de hechos contra Graco Ramírez está dirigida a atender ese juicio de la gente en vista de que el cúmulo de expedientes integrados por el gobierno del estado y enviados a la Fiscalía Anticorrupción, parecen registrar nulos avances.

El análisis del efecto de la denuncia en la imagen pública de Cuauhtémoc Blanco debería partir del principio fundamental de no medir con las herramientas de la política tradicional, la práctica que hoy se hace de la misma como sociedad del espectáculo.


Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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