César Arenas

  / jueves 23 de mayo de 2019

Contingencias y soluciones

Los incendios en Morelos no son novedad. Todos los años se presentan casos en distintas partes de los Altos de Morelos. La diferencia radica en cómo nos preparamos para enfrentarlos y reducir sus afectaciones.

Durante los últimos años, el gobierno del Estado trabajó para contar con mejores instalaciones, personal capacitado, equipamiento, reglas, protocolos e incluso, un Centro de Monitoreo de contingencias ambientales. También, se desarrollaron eficientemente protocolos de coordinación interinstitucional, así como buenas prácticas de prevención y actuación.

Con el actual desmantelamiento de las capacidades institucionales a nivel federal, derivado de los recortes presupuestales y despidos en Profepa, Conanp y Conafor, entre otros organismos del sector, los gobiernos locales (estatales y municipales) están llamados a ocupar con mayor seriedad este vacío federal. Considerando además la cancelación del Programa de Empleo Temporal en la vertiente de combate de incendios que operaba la Semarnat.

Prevenir incendios no sólo tiene por objeto evitar daños ambientales y costos económicos, sino principalmente las afectaciones en la salud de la población. La contingencia de la semana pasada puso en el imaginario social la existencia de “partículas PM2.5”, siendo más específica que la palabra “smog” usada durante mucho tiempo. Sin embargo, la preocupación de la mala calidad del aire y las “partículas PM2.5” generadas por los incendios forestales en todo el país, nos debería llevar a revisar el valor tienen como parte del conjunto de emisiones que generamos cotidianamente en nuestras actividades.

De acuerdo con el documento de la Secretaría de Desarrollo Sustentable, denominado “Inventario de emisiones contaminantes a la atmósfera, año base 2014”: las fuentes fijas (es decir, las industrias) son las principales responsables de dióxido de azufre (SO2), 78.8%; las fuentes de área de NH3 (97.6%), PM10 (63.6%), PM2.5 (72.2%) y COV (51.8%); los vehículos automotores de CO (69.8%) y NOx (49.7%).

Los principales municipios en donde se genera la mayor cantidad de contaminantes son: Cuernavaca, Jiutepec, Emiliano Zapata, Ayala, Puente de Ixtla, Tepalcingo y Yecapixtla; derivado de las distintas industrias, las actividades agrícolas y ganaderas, los autos, y la combustión doméstica por el uso de leña, labranza y quemas agrícolas, principalmente.

En el estudio (y para ese año), las “partículas PM2.5” no eran las que principalmente están dañando nuestra salud, sino otras fuentes con mayores volúmenes. Vale la pena revisar el documento completo, ya que permite informarnos y propone varias recomendaciones. Nuestro desafío consiste en revisar el actual modelo de crecimiento por ser incompatible con la atmósfera, lo cual conlleva a encontrar un equilibrio entre el crecimiento económico (producción) y desarrollo social (acceso a bienes y servicios para la población).

Lo anterior no significa que no sea correcto implementar medidas inmediatas de mejora en la calidad del aire y decretar contingencias para la reducción de emisiones contaminantes. Por supuesto que reforestar de forma masiva también es necesario. Pero insisto, lo que se requiere no son los cambios adaptativos sino disruptivos y eso implica inevitablemente, la modificación de los hábitos de conducta, las prácticas culturales y forma de vida.

Para ello, estoy convencido que la única forma de lograrlo es imaginando “ciudades futuras” donde podamos visualizar a Morelos dentro de 50 o 100 años. A partir de esta idea socialmente compartida, ahora sí podemos iniciar un largo camino guiados por la ciencia y la investigación, donde se modernice el transporte público, la vivienda, el manejo ecológico de los residuos, las energías renovables, el agua, etcétera.

Podemos dar una solución de corto plazo a una contingencia como la semana pasada, pero no olvidemos que hay contingencias planetarias que requieren otro tipo de soluciones.

Los incendios en Morelos no son novedad. Todos los años se presentan casos en distintas partes de los Altos de Morelos. La diferencia radica en cómo nos preparamos para enfrentarlos y reducir sus afectaciones.

Durante los últimos años, el gobierno del Estado trabajó para contar con mejores instalaciones, personal capacitado, equipamiento, reglas, protocolos e incluso, un Centro de Monitoreo de contingencias ambientales. También, se desarrollaron eficientemente protocolos de coordinación interinstitucional, así como buenas prácticas de prevención y actuación.

Con el actual desmantelamiento de las capacidades institucionales a nivel federal, derivado de los recortes presupuestales y despidos en Profepa, Conanp y Conafor, entre otros organismos del sector, los gobiernos locales (estatales y municipales) están llamados a ocupar con mayor seriedad este vacío federal. Considerando además la cancelación del Programa de Empleo Temporal en la vertiente de combate de incendios que operaba la Semarnat.

Prevenir incendios no sólo tiene por objeto evitar daños ambientales y costos económicos, sino principalmente las afectaciones en la salud de la población. La contingencia de la semana pasada puso en el imaginario social la existencia de “partículas PM2.5”, siendo más específica que la palabra “smog” usada durante mucho tiempo. Sin embargo, la preocupación de la mala calidad del aire y las “partículas PM2.5” generadas por los incendios forestales en todo el país, nos debería llevar a revisar el valor tienen como parte del conjunto de emisiones que generamos cotidianamente en nuestras actividades.

De acuerdo con el documento de la Secretaría de Desarrollo Sustentable, denominado “Inventario de emisiones contaminantes a la atmósfera, año base 2014”: las fuentes fijas (es decir, las industrias) son las principales responsables de dióxido de azufre (SO2), 78.8%; las fuentes de área de NH3 (97.6%), PM10 (63.6%), PM2.5 (72.2%) y COV (51.8%); los vehículos automotores de CO (69.8%) y NOx (49.7%).

Los principales municipios en donde se genera la mayor cantidad de contaminantes son: Cuernavaca, Jiutepec, Emiliano Zapata, Ayala, Puente de Ixtla, Tepalcingo y Yecapixtla; derivado de las distintas industrias, las actividades agrícolas y ganaderas, los autos, y la combustión doméstica por el uso de leña, labranza y quemas agrícolas, principalmente.

En el estudio (y para ese año), las “partículas PM2.5” no eran las que principalmente están dañando nuestra salud, sino otras fuentes con mayores volúmenes. Vale la pena revisar el documento completo, ya que permite informarnos y propone varias recomendaciones. Nuestro desafío consiste en revisar el actual modelo de crecimiento por ser incompatible con la atmósfera, lo cual conlleva a encontrar un equilibrio entre el crecimiento económico (producción) y desarrollo social (acceso a bienes y servicios para la población).

Lo anterior no significa que no sea correcto implementar medidas inmediatas de mejora en la calidad del aire y decretar contingencias para la reducción de emisiones contaminantes. Por supuesto que reforestar de forma masiva también es necesario. Pero insisto, lo que se requiere no son los cambios adaptativos sino disruptivos y eso implica inevitablemente, la modificación de los hábitos de conducta, las prácticas culturales y forma de vida.

Para ello, estoy convencido que la única forma de lograrlo es imaginando “ciudades futuras” donde podamos visualizar a Morelos dentro de 50 o 100 años. A partir de esta idea socialmente compartida, ahora sí podemos iniciar un largo camino guiados por la ciencia y la investigación, donde se modernice el transporte público, la vivienda, el manejo ecológico de los residuos, las energías renovables, el agua, etcétera.

Podemos dar una solución de corto plazo a una contingencia como la semana pasada, pero no olvidemos que hay contingencias planetarias que requieren otro tipo de soluciones.

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