/ lunes 29 de noviembre de 2021

Concentración del poder

En el sistema presidencial, la propuesta de contemplar la limitación de la fragmentación de partidos a partir de cambios en el sistema electoral incluye los siguientes puntos: teniendo un formato para la elección presidencial de mayoría relativa en una sola vuelta, tener elecciones presidenciales y legislativas sincrónicas y establecer una magnitud de distrito electoral relativamente baja o un umbral de votación alto. Todo esto incluso con el sistema de representación proporcional.

Se descarta la segunda vuelta con mayoría absoluta puesto que alienta la fragmentación en el campo de la contienda para la presidencia de una forma aún más perversa y chantajista, lo que lacera el espíritu democrático. Lo que sí se busca destacar es la importancia de que las elecciones presidenciales y legislativas sean sincrónicas, dado que genera una tendencia importante por votar al partido que postula el candidato presidencial junto a sus legisladores, asegurando así que el presidente tenga mayoría parlamentaria y consiga el apoyo suficiente para hacer funcional su gobierno.

Para el régimen semipresidencial pueden funcionar bien las elecciones no simultáneas por la naturaleza del poder presidencial más débil y los incentivos de la asamblea parlamentaria.

Ahora bien, existe el riesgo de que al cambiar de un gobierno presidencial a uno parlamentario se pueda exacerbar la problemática de ingobernabilidad e inestabilidad si no se tienen partidos disciplinados y una legislación adecuada para determinar prerrogativas entre una y otra forma de régimen. También se contemplan las desventajas del régimen parlamentario en términos de que, al depender el gobierno y el gabinete del parlamento, los legisladores pueden actuar como agentes libres que, indisciplinados, pueden cambiar a conveniencia política su respaldo y no consolidar un cuerpo gobernante funcional, esto es el talón de Aquiles de los sistemas parlamentarios.

Por tanto, cambiar de un sistema presidencial a uno parlamentario sin lograr la disciplina del sistema de partidos y hacer funcionar al sistema electoral para tales fines, lejos de lograr consolidar y estabilizar la democracia exacerbaría el conflicto y la ingobernabilidad.

Aunque los argumentos de la literatura en favor del sistema parlamentario para perpetuar la estabilidad de la democracia son sólidos e históricamente convincentes, subestimó las virtudes del presidencialismo limitado y diseñado constitucional e institucionalmente dentro de las amplias categorías presidencialistas para ser funcional e incluso deseable contemplando la coyuntura del sistema de partidos que se tenga en cada país.

En México, podemos concluir en que no es viable el cambio de un sistema presidencial a uno parlamentario por la indisciplina de todo el sistema de partidos. La oposición es irresponsable ante la derrota electoral, la corrupción sistemática en el sistema electoral y de partidos debilita las posibilidades de disciplina interna. Por tanto, se deben aprovechar las virtudes y posibilidades del sistema presidencial mexicano, limitando sus facultades legislativas, disciplinando al sistema de partidos, tanto al partido en el gobierno como a la oposición, generando una cultura de participación democrática en la construcción de la política pública en todos los niveles de gobierno, transparencia en la acción gubernamental y parlamentaria, entre muchas otras carencias, a fin de dar estabilidad, legitimidad y funcionalidad a nuestra forma de democracia. Es verdad que en México, el lopezobradorismo ejerce otro estilo personal de gobernar que, alienta un presidencialismo en contra del diseño y el funcionamiento del Instituto Nacional Electoral, en una coyuntura crítica para el país y sus elecciones que, reclaman no sólo comicios auténticos y periódicos, sino de los fondos presupuestales necesarios para que los órganos autónomos electorales administrativos y judiciales cumplan su función constitucional con la democracia y sus resultados.

@Danieldao1

FB/LINKEDIN Daniel Adame Osorio

INSTAGRAM: @danieladameosorio

En el sistema presidencial, la propuesta de contemplar la limitación de la fragmentación de partidos a partir de cambios en el sistema electoral incluye los siguientes puntos: teniendo un formato para la elección presidencial de mayoría relativa en una sola vuelta, tener elecciones presidenciales y legislativas sincrónicas y establecer una magnitud de distrito electoral relativamente baja o un umbral de votación alto. Todo esto incluso con el sistema de representación proporcional.

Se descarta la segunda vuelta con mayoría absoluta puesto que alienta la fragmentación en el campo de la contienda para la presidencia de una forma aún más perversa y chantajista, lo que lacera el espíritu democrático. Lo que sí se busca destacar es la importancia de que las elecciones presidenciales y legislativas sean sincrónicas, dado que genera una tendencia importante por votar al partido que postula el candidato presidencial junto a sus legisladores, asegurando así que el presidente tenga mayoría parlamentaria y consiga el apoyo suficiente para hacer funcional su gobierno.

Para el régimen semipresidencial pueden funcionar bien las elecciones no simultáneas por la naturaleza del poder presidencial más débil y los incentivos de la asamblea parlamentaria.

Ahora bien, existe el riesgo de que al cambiar de un gobierno presidencial a uno parlamentario se pueda exacerbar la problemática de ingobernabilidad e inestabilidad si no se tienen partidos disciplinados y una legislación adecuada para determinar prerrogativas entre una y otra forma de régimen. También se contemplan las desventajas del régimen parlamentario en términos de que, al depender el gobierno y el gabinete del parlamento, los legisladores pueden actuar como agentes libres que, indisciplinados, pueden cambiar a conveniencia política su respaldo y no consolidar un cuerpo gobernante funcional, esto es el talón de Aquiles de los sistemas parlamentarios.

Por tanto, cambiar de un sistema presidencial a uno parlamentario sin lograr la disciplina del sistema de partidos y hacer funcionar al sistema electoral para tales fines, lejos de lograr consolidar y estabilizar la democracia exacerbaría el conflicto y la ingobernabilidad.

Aunque los argumentos de la literatura en favor del sistema parlamentario para perpetuar la estabilidad de la democracia son sólidos e históricamente convincentes, subestimó las virtudes del presidencialismo limitado y diseñado constitucional e institucionalmente dentro de las amplias categorías presidencialistas para ser funcional e incluso deseable contemplando la coyuntura del sistema de partidos que se tenga en cada país.

En México, podemos concluir en que no es viable el cambio de un sistema presidencial a uno parlamentario por la indisciplina de todo el sistema de partidos. La oposición es irresponsable ante la derrota electoral, la corrupción sistemática en el sistema electoral y de partidos debilita las posibilidades de disciplina interna. Por tanto, se deben aprovechar las virtudes y posibilidades del sistema presidencial mexicano, limitando sus facultades legislativas, disciplinando al sistema de partidos, tanto al partido en el gobierno como a la oposición, generando una cultura de participación democrática en la construcción de la política pública en todos los niveles de gobierno, transparencia en la acción gubernamental y parlamentaria, entre muchas otras carencias, a fin de dar estabilidad, legitimidad y funcionalidad a nuestra forma de democracia. Es verdad que en México, el lopezobradorismo ejerce otro estilo personal de gobernar que, alienta un presidencialismo en contra del diseño y el funcionamiento del Instituto Nacional Electoral, en una coyuntura crítica para el país y sus elecciones que, reclaman no sólo comicios auténticos y periódicos, sino de los fondos presupuestales necesarios para que los órganos autónomos electorales administrativos y judiciales cumplan su función constitucional con la democracia y sus resultados.

@Danieldao1

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