/ viernes 20 de mayo de 2022

¿Cómo revertir el actual retroceso?

Según el Índice de Estado de Derecho en México 2021-22 del World Justice Project, el estado de Morelos se encuentra en penúltimo lugar nacional, solo por arriba de Guerrero. Según el resultado de dicho estudio, la corrupción en Morelos es la mayor en todo el país y las instituciones de seguridad del estado son las peor evaluadas.

Este resultado es consistente con la realidad que vivimos lo morelenses; tan solo en el pasado fin de semana hubo 17 muertes violentas en la entidad, cifras nunca antes vistas. Por otro lado en todas las encuestas que se hacen mes con mes, el gobernador aparece en los últimos lugares, invariablemente. Sin embargo el discurso oficial sigue siendo el mismo.

La misma cantaleta desde que empezó el actual gobierno, cuatro años señalando al pasado y culpando a los anteriores. La realidad es que el clima de inseguridad y deterioro social que padece la entidad es responsabilidad de la actual administración. Lo que está viviendo el estado de Morelos es una descomposición paulatina del tejido social y un deterioro acelerado de las instituciones. Descuido, negligencia, incapacidad.

Algunos podrán decir que es un tema nacional, y en parte es cierto, el país atraviesa por la peor violencia e inseguridad en décadas, pero también es cierto que en aquellos estados en donde se tienen los peores gobernadores, según las evaluaciones y encuestas mensuales, son aquellos que tienen los escenarios más críticos. Las cifras oficiales nos dicen que desde el inicio del gobierno del futbolista, el estado ha descendido en todos los indicadores: seguridad, educación, generación de empleo, obras de infraestructura, inversión pública y un largo etcétera. Entendemos que el discurso de culpar al pasado de las incapacidades y carencias del actual gobierno les funcionó por un tiempo, pero a estas alturas de la administración, concluyendo prácticamente el cuarto año, ese discurso se está agotando muy rápido. La gente ya se dio cuenta que los resultados son nulos.

Lo preocupante son las secuelas que para el estado dejará la actual gestión. Mucho me temo que la espiral descendente ha alcanzado una inercia que será muy difícil de detener y será muy difícil de revertir en el corto plazo. Y no nos referimos solo a la inacción gubernamental reflejada principalmente en ausencia de programas y obras de relevancia, sino principalmente al daño que se ha producido en la sociedad en su conjunto. La violencia y la impunidad se ha arraigado en el tejido social; muchos grupos y cada vez más ciudadanos actúan por encima de cualquier marco de derecho o de cualquier normatividad. Esto se puede constatar en situaciones tan simples como la basura en las calles, el deterioro de las barrancas cada vez más contaminadas, o en el simple cotidiano y caótico tráfico vehicular.

Debemos de inmediato iniciar una reflexión colectiva para ver cómo le vamos hacer para detener el deterioro social en que nos encontramos, en cómo reconstruir a las instituciones que han sido devastadas por el abandono y la incapacidad del gobierno de ocurrencia que estamos padeciendo; son temas que debemos de empezar a discutir entre todas y todos. El 2024 será una buena oportunidad para construir una plataforma electoral que pueda tener como eje la recomposición del tejido social y la reconstrucción de las instituciones; pero independientemente de lo electoral, hay que verlo como una actividad de responsabilidad ciudadana que deberemos de atender si queremos vivir en paz y con seguridad social y jurídica.

Según el Índice de Estado de Derecho en México 2021-22 del World Justice Project, el estado de Morelos se encuentra en penúltimo lugar nacional, solo por arriba de Guerrero. Según el resultado de dicho estudio, la corrupción en Morelos es la mayor en todo el país y las instituciones de seguridad del estado son las peor evaluadas.

Este resultado es consistente con la realidad que vivimos lo morelenses; tan solo en el pasado fin de semana hubo 17 muertes violentas en la entidad, cifras nunca antes vistas. Por otro lado en todas las encuestas que se hacen mes con mes, el gobernador aparece en los últimos lugares, invariablemente. Sin embargo el discurso oficial sigue siendo el mismo.

La misma cantaleta desde que empezó el actual gobierno, cuatro años señalando al pasado y culpando a los anteriores. La realidad es que el clima de inseguridad y deterioro social que padece la entidad es responsabilidad de la actual administración. Lo que está viviendo el estado de Morelos es una descomposición paulatina del tejido social y un deterioro acelerado de las instituciones. Descuido, negligencia, incapacidad.

Algunos podrán decir que es un tema nacional, y en parte es cierto, el país atraviesa por la peor violencia e inseguridad en décadas, pero también es cierto que en aquellos estados en donde se tienen los peores gobernadores, según las evaluaciones y encuestas mensuales, son aquellos que tienen los escenarios más críticos. Las cifras oficiales nos dicen que desde el inicio del gobierno del futbolista, el estado ha descendido en todos los indicadores: seguridad, educación, generación de empleo, obras de infraestructura, inversión pública y un largo etcétera. Entendemos que el discurso de culpar al pasado de las incapacidades y carencias del actual gobierno les funcionó por un tiempo, pero a estas alturas de la administración, concluyendo prácticamente el cuarto año, ese discurso se está agotando muy rápido. La gente ya se dio cuenta que los resultados son nulos.

Lo preocupante son las secuelas que para el estado dejará la actual gestión. Mucho me temo que la espiral descendente ha alcanzado una inercia que será muy difícil de detener y será muy difícil de revertir en el corto plazo. Y no nos referimos solo a la inacción gubernamental reflejada principalmente en ausencia de programas y obras de relevancia, sino principalmente al daño que se ha producido en la sociedad en su conjunto. La violencia y la impunidad se ha arraigado en el tejido social; muchos grupos y cada vez más ciudadanos actúan por encima de cualquier marco de derecho o de cualquier normatividad. Esto se puede constatar en situaciones tan simples como la basura en las calles, el deterioro de las barrancas cada vez más contaminadas, o en el simple cotidiano y caótico tráfico vehicular.

Debemos de inmediato iniciar una reflexión colectiva para ver cómo le vamos hacer para detener el deterioro social en que nos encontramos, en cómo reconstruir a las instituciones que han sido devastadas por el abandono y la incapacidad del gobierno de ocurrencia que estamos padeciendo; son temas que debemos de empezar a discutir entre todas y todos. El 2024 será una buena oportunidad para construir una plataforma electoral que pueda tener como eje la recomposición del tejido social y la reconstrucción de las instituciones; pero independientemente de lo electoral, hay que verlo como una actividad de responsabilidad ciudadana que deberemos de atender si queremos vivir en paz y con seguridad social y jurídica.

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