/ viernes 27 de mayo de 2022

Cómo nos ven desde afuera

Hace unos días tuve la oportunidad de salir del país, de hecho, esta colaboración la estoy escribiendo a miles de kilómetros de distancia en un café cercano a una universidad local. A mi alrededor, mesas con jóvenes trabajando en su computadora, haciendo alguna tarea o simplemente hablando de sus cosas.

Desde aquí reviso los periódicos de México y las redes sociales para no perder el pulso del país y desde luego de Morelos

He hablado con varios amigos mexicanos residentes y familiares muy cercanos, invariablemente la pregunta que me hacen es: ¿qué es lo que pasa en México?. No se me ocurre otra cosa que decir: todo bien, ¿porqué la pregunta? ¿Cuál es la percepción que tienen ustedes de México desde aquí?, reviro para poder ganar tiempo y pensar lo que voy a decir después.

Las percepciones son variadas, las podemos resumir y sintetizar en una frase: violencia, inseguridad y narco. Lo peor de todo es que pienso que nosotros en México nos estamos acostumbrando y ya no nos sorprende ni nos alerta con la misma intensidad que lo que se percibe desde afuera.

Y como no, si en un fin de semana en el estado de Morelos se producen diecisiete asesinatos, a la otra semana once muertes violentas y así vamos contando.

En muchísimos estados de la república situaciones similares. En Michoacán se vive una verdadera guerra, una disputa por el territorio entre la delincuencia, armada hasta el cuello, y las fuerzas militares y civiles que son víctimas de bejaciones y humillaciones de parte de los propios delincuentes que actúan como dueños del estado, hasta utilizan pequeños drones para lanzar bombas sobre la gente.

Los casos cada vez más frecuentes y dolorosos de mujeres jóvenes desaparecidas y asesinadas en todo el país, etcetera. Podríamos seguir mostrando el rostro de la violencia que azota a nuestro país. Esto es lo que el mundo conoce ahora de nosotros, que vergüenza me produce esta situación.

Además no somos conscientes del daño que esto nos causa como país, principalmente la afectación al turismo, a la economía por el alejamiento de nuevas inversiones, a la confianza indispensable en la comunidad global.

Pero lo que sí se conoce bien en el exterior es de los ataques diarios, los cruentos combates, esos épicos episodios mañaneros, que todos los días libra el presidente contra molinos de viento que, según su visión, soplan aire neoliberal y aspirasionista. Bueno hasta López Gatell estuvo en la Asamblea Mundial de la Salud organizada por la OMS en Ginebra, Suiza, señalando al neoliberalismo como el factor de riesgo mayor en el caso de enfermedades crónicas resultantes del estilo de vida y que según esto agravaron el tema del Covid. Sin ninguna pequeña, humilde autocrítica por los errores cometidos por él mismo en el manejo de la pandemia de Covid.

En lo personal yo no veo un camino claro para revertir la situación nacional, no percibo una estrategia coherente que conduzca a México hacia la pacificación del territorio, hacia el crecimiento y desarrollo económico, hacia la protección del medio ambiente; al contrario, me desanima ver que desde afuera también se percibe que vamos en sentido contrario.

En estas conversaciones trato de explicar, de minimizar y hasta de justificar lo injustificable, cuando en realidad lo que estoy sintiendo es una gran pena por la situación por la que atraviesa nuestro país.

Lo que queda claro es que nada es para siempre y que el potencial que tiene México sigue siendo grande en recursos, principalmente con un enorme talento de mucha gente que quiere cambiar las cosas; sobretodo de generaciones de jóvenes universitarios que entienden que el mundo está globalizado, esos jóvenes están asumiendo el rol que les corresponde, sin pelearse contra molinos de viento y fantasmas del pasado.

Como estos jóvenes que se reúnen hoy aquí, en este café cercano a la universidad, para hacer sus trabajos y convivir entre ellos viendo el futuro con optimismo.

Menos mal, todavía hay esperanza.


Hace unos días tuve la oportunidad de salir del país, de hecho, esta colaboración la estoy escribiendo a miles de kilómetros de distancia en un café cercano a una universidad local. A mi alrededor, mesas con jóvenes trabajando en su computadora, haciendo alguna tarea o simplemente hablando de sus cosas.

Desde aquí reviso los periódicos de México y las redes sociales para no perder el pulso del país y desde luego de Morelos

He hablado con varios amigos mexicanos residentes y familiares muy cercanos, invariablemente la pregunta que me hacen es: ¿qué es lo que pasa en México?. No se me ocurre otra cosa que decir: todo bien, ¿porqué la pregunta? ¿Cuál es la percepción que tienen ustedes de México desde aquí?, reviro para poder ganar tiempo y pensar lo que voy a decir después.

Las percepciones son variadas, las podemos resumir y sintetizar en una frase: violencia, inseguridad y narco. Lo peor de todo es que pienso que nosotros en México nos estamos acostumbrando y ya no nos sorprende ni nos alerta con la misma intensidad que lo que se percibe desde afuera.

Y como no, si en un fin de semana en el estado de Morelos se producen diecisiete asesinatos, a la otra semana once muertes violentas y así vamos contando.

En muchísimos estados de la república situaciones similares. En Michoacán se vive una verdadera guerra, una disputa por el territorio entre la delincuencia, armada hasta el cuello, y las fuerzas militares y civiles que son víctimas de bejaciones y humillaciones de parte de los propios delincuentes que actúan como dueños del estado, hasta utilizan pequeños drones para lanzar bombas sobre la gente.

Los casos cada vez más frecuentes y dolorosos de mujeres jóvenes desaparecidas y asesinadas en todo el país, etcetera. Podríamos seguir mostrando el rostro de la violencia que azota a nuestro país. Esto es lo que el mundo conoce ahora de nosotros, que vergüenza me produce esta situación.

Además no somos conscientes del daño que esto nos causa como país, principalmente la afectación al turismo, a la economía por el alejamiento de nuevas inversiones, a la confianza indispensable en la comunidad global.

Pero lo que sí se conoce bien en el exterior es de los ataques diarios, los cruentos combates, esos épicos episodios mañaneros, que todos los días libra el presidente contra molinos de viento que, según su visión, soplan aire neoliberal y aspirasionista. Bueno hasta López Gatell estuvo en la Asamblea Mundial de la Salud organizada por la OMS en Ginebra, Suiza, señalando al neoliberalismo como el factor de riesgo mayor en el caso de enfermedades crónicas resultantes del estilo de vida y que según esto agravaron el tema del Covid. Sin ninguna pequeña, humilde autocrítica por los errores cometidos por él mismo en el manejo de la pandemia de Covid.

En lo personal yo no veo un camino claro para revertir la situación nacional, no percibo una estrategia coherente que conduzca a México hacia la pacificación del territorio, hacia el crecimiento y desarrollo económico, hacia la protección del medio ambiente; al contrario, me desanima ver que desde afuera también se percibe que vamos en sentido contrario.

En estas conversaciones trato de explicar, de minimizar y hasta de justificar lo injustificable, cuando en realidad lo que estoy sintiendo es una gran pena por la situación por la que atraviesa nuestro país.

Lo que queda claro es que nada es para siempre y que el potencial que tiene México sigue siendo grande en recursos, principalmente con un enorme talento de mucha gente que quiere cambiar las cosas; sobretodo de generaciones de jóvenes universitarios que entienden que el mundo está globalizado, esos jóvenes están asumiendo el rol que les corresponde, sin pelearse contra molinos de viento y fantasmas del pasado.

Como estos jóvenes que se reúnen hoy aquí, en este café cercano a la universidad, para hacer sus trabajos y convivir entre ellos viendo el futuro con optimismo.

Menos mal, todavía hay esperanza.


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