/ lunes 6 de diciembre de 2021

Candidatura presidencial opositora única

La rigidez del presidencialismo, a través de los periodos fijos del mandato, lo dota de serias desventajas como la posibilidad de retirar del cargo a presidentes impopulares o ineptos sin que el sistema se quiebre, y en muchos países es constitucionalmente imposible la reelección presidencial, como en el caso mexicano. La imposibilidad de la reelección inmediata es atractiva para la ambición de políticos interesados en ocupar la silla presidencial porque quita de la escena a contrincantes peligrosos. A pesar del riesgo potencial que encierra la reelección, puede ser permitida cuando existan instituciones confiables y elecciones legítimas que no permitan la manipulación de los funcionarios en el escenario político. Así el argumento de la flexibilidad de reemplazar gabinetes en los sistemas parlamentarios tiene una doble función, por un lado se puede retirar el apoyo al mandatario y provocar cambios gubernamentales sin necesidad de quebrar el sistema político, así como propiciar mayor estabilidad a procesos de formación de políticas en la reconstrucción del gabinete, pues naturalmente serían apoyados por la asamblea parlamentaria, manteniéndose incluso por varios períodos.

La discrepancia de la literatura es en el argumento de Juan Linz que define al presidencialismo con una tendencia de “ganador único” mayor que el parlamentarismo, sosteniendo que esa tendencia depende del sistema electoral y de partidos, es decir, las reglas del juego.

Realiza una crítica al sistema parlamentario de tipo Westminster por no proporcionar control legislativo sobre el primer ministro, gracias a que los partidos disciplinados contando con mayoría parlamentaria apoyan iniciativas políticas y legislativas al margen de las propuestas, lo que incentiva una lógica de “ganador único”. Esta desventaja del parlamentarismo es controlada en el sistema presidencial cuando se instituye un sistema de controles y equilibrios, pesos y contrapesos, diseñados institucionalmente para limitar que el ganador controle todas las acciones del sistema político. Además el sistema presidencial permite construir gabinetes de diversos partidos, asignando cargos con la finalidad de atraer apoyo o recompensarlo. Esto divide la lógica del ganador único.

El problema central en México es la concentración del poder político que limita la libertad, dirá el politólogo, Daniel Cosío Villegas y, su argumento es fundamental para entender que el presidente, López Obrador se apropia paso a paso de la vida pública del país y, los resultados inmediatos son la incertidumbre con que responden los mercados financieros a su propuesta para el Banco de México, alterando la viabilidad del banco central, de la economía con una inflación global que no es enfrentada con medidas eficaces de política gubernamental; un desempleo creciente y un sector salud desbordado por su destrucción ejecutada desde la administración pública y, quizás, el elemento favorable con que cierra 2021 es el inicio formal de un ejercicio para la organización y articulación de las oposiciones de cara a los comicios de los años próximos para defender la democracia y distribuir el poder político en el mosaico de pluralidad que es nuestro país.

FACEBOOK/ LINKEDIN:

Daniel Adame Osorio.

Instagram: @danieladameosorio

La rigidez del presidencialismo, a través de los periodos fijos del mandato, lo dota de serias desventajas como la posibilidad de retirar del cargo a presidentes impopulares o ineptos sin que el sistema se quiebre, y en muchos países es constitucionalmente imposible la reelección presidencial, como en el caso mexicano. La imposibilidad de la reelección inmediata es atractiva para la ambición de políticos interesados en ocupar la silla presidencial porque quita de la escena a contrincantes peligrosos. A pesar del riesgo potencial que encierra la reelección, puede ser permitida cuando existan instituciones confiables y elecciones legítimas que no permitan la manipulación de los funcionarios en el escenario político. Así el argumento de la flexibilidad de reemplazar gabinetes en los sistemas parlamentarios tiene una doble función, por un lado se puede retirar el apoyo al mandatario y provocar cambios gubernamentales sin necesidad de quebrar el sistema político, así como propiciar mayor estabilidad a procesos de formación de políticas en la reconstrucción del gabinete, pues naturalmente serían apoyados por la asamblea parlamentaria, manteniéndose incluso por varios períodos.

La discrepancia de la literatura es en el argumento de Juan Linz que define al presidencialismo con una tendencia de “ganador único” mayor que el parlamentarismo, sosteniendo que esa tendencia depende del sistema electoral y de partidos, es decir, las reglas del juego.

Realiza una crítica al sistema parlamentario de tipo Westminster por no proporcionar control legislativo sobre el primer ministro, gracias a que los partidos disciplinados contando con mayoría parlamentaria apoyan iniciativas políticas y legislativas al margen de las propuestas, lo que incentiva una lógica de “ganador único”. Esta desventaja del parlamentarismo es controlada en el sistema presidencial cuando se instituye un sistema de controles y equilibrios, pesos y contrapesos, diseñados institucionalmente para limitar que el ganador controle todas las acciones del sistema político. Además el sistema presidencial permite construir gabinetes de diversos partidos, asignando cargos con la finalidad de atraer apoyo o recompensarlo. Esto divide la lógica del ganador único.

El problema central en México es la concentración del poder político que limita la libertad, dirá el politólogo, Daniel Cosío Villegas y, su argumento es fundamental para entender que el presidente, López Obrador se apropia paso a paso de la vida pública del país y, los resultados inmediatos son la incertidumbre con que responden los mercados financieros a su propuesta para el Banco de México, alterando la viabilidad del banco central, de la economía con una inflación global que no es enfrentada con medidas eficaces de política gubernamental; un desempleo creciente y un sector salud desbordado por su destrucción ejecutada desde la administración pública y, quizás, el elemento favorable con que cierra 2021 es el inicio formal de un ejercicio para la organización y articulación de las oposiciones de cara a los comicios de los años próximos para defender la democracia y distribuir el poder político en el mosaico de pluralidad que es nuestro país.

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Daniel Adame Osorio.

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