/ domingo 27 de junio de 2021

Cambio de paradigma

Desde el inicio de la crisis sanitaria por Covid-19 el paradigma desde el que modelamos el curso de la pandemia fue directo y bastante intuitivo. Una persona tiene cierta probabilidad de contagiarse dependiendo de las medidas de prevención y otros factores de vulnerabilidad. Con otra probabilidad esa persona se enfermará, con otra probabilidad desarrollará síntomas graves y con otra probabilidad morirá. Los números varían entre países, grupos sociales, género y edad, sin embargo el modelo basado en estos componentes fue consistente durante el primer año y nos permitió predecir el comportamiento de la pandemia.

El avance en la aplicación de las vacunas ha cambiado el panorama y, al dejar de ser intuitivo, genera incertidumbre y desconfianza. Intentaré describir el nuevo paradigma y cómo, a partir de este cambio, entender mejor nuestra nueva condición.

Lo primero es entender que todas las vacunas aplicadas en México, las autorizadas por la OMS (Pfizer, Astra Zeneca, Sinovac) y las solamente autorizadas por la Cofepris (Sputnik y Cansino), son altamente efectivas en prevenir las formas graves de la enfermedad y la muerte, entre 70 y 95%. Estos números aplican para personas vacunadas con el esquema completo, las personas que han recibido una sola dosis son casi tan vulnerables como los no vacunados.

La protección que ofrece la vacuna es suficiente para reducir factores críticos como la ocupación hospitalaria pero no significa que sirva para controlar la pandemia. Al contrario, lo que se observa en países con alta tasa de vacunación en adultos es que el relajamiento que se genera ante la sensación de seguridad que ofrecen las vacunas ha incrementado de manera significativa el número de casos, incluyendo los de niños y jóvenes.

Si a esto le sumamos la dispersión de las nuevas variantes, en México y en el mundo estamos transitando a un nuevo paradigma donde la tasa de contagio se desacopla del número de casos graves y de muertes, acelerándose.

Cabe recordar que en México se decidió desde el principio de la pandemia considerar como criterio maestro para el establecimiento del semáforo epidemiológico la ocupación hospitalaria. Es por eso que en las últimas semanas, ante la reducción en el número de casos graves y a pesar del incremento constante de casos leves, el gobierno tomó la decisión de desmantelar unidades especializadas en Covid-19 despidiendo al personal médico .

En este momento nos encontramos en un punto donde se conjuntan la escasez crónica de pruebas diagnósticas y el desacoplamiento entre los diferentes componentes de la pandemia por el efecto combinado de la vacunación y la aparición de nuevas variantes, obligándonos a repensar la forma cómo se debe monitorear el avance de la crisis sanitaria.

Los primeros síntomas de que no hemos entendido bien este cambio de paradigma los estamos observando en las penínsulas, donde la alta tasa de movilidad generada por el turismo internacional ha disparado de manera alarmante el número de casos, por arriba de los observados durante la crisis de enero. La situación más grave en este momento es la de Baja California Sur pero se comienzan a detectar en otros estados los primeros indicios de lo que amenaza en convertirse en la tercera ola de la pandemia en México.

Esta tercera ola nos encuentra física, emocional y económicamente desgastados. Por lo pronto y aunque el semáforo oficial esté en verde, es indispensable mantener las medidas preventivas como son el uso forzoso de cubrebocas, evitando reducir al mínimo el número de contactos con otras personas así como la permanencia en espacios cerrados o mal ventilados. Mientra más rápido asimilemos el cambio de paradigma más preparados estaremos para afrontar lo que nos depare la pandemia.


Para información adicional de éste y otros temas de interés visiten:

Blogspot: Reinvindicando a Plutón

Facebook: BValderramaB




Desde el inicio de la crisis sanitaria por Covid-19 el paradigma desde el que modelamos el curso de la pandemia fue directo y bastante intuitivo. Una persona tiene cierta probabilidad de contagiarse dependiendo de las medidas de prevención y otros factores de vulnerabilidad. Con otra probabilidad esa persona se enfermará, con otra probabilidad desarrollará síntomas graves y con otra probabilidad morirá. Los números varían entre países, grupos sociales, género y edad, sin embargo el modelo basado en estos componentes fue consistente durante el primer año y nos permitió predecir el comportamiento de la pandemia.

El avance en la aplicación de las vacunas ha cambiado el panorama y, al dejar de ser intuitivo, genera incertidumbre y desconfianza. Intentaré describir el nuevo paradigma y cómo, a partir de este cambio, entender mejor nuestra nueva condición.

Lo primero es entender que todas las vacunas aplicadas en México, las autorizadas por la OMS (Pfizer, Astra Zeneca, Sinovac) y las solamente autorizadas por la Cofepris (Sputnik y Cansino), son altamente efectivas en prevenir las formas graves de la enfermedad y la muerte, entre 70 y 95%. Estos números aplican para personas vacunadas con el esquema completo, las personas que han recibido una sola dosis son casi tan vulnerables como los no vacunados.

La protección que ofrece la vacuna es suficiente para reducir factores críticos como la ocupación hospitalaria pero no significa que sirva para controlar la pandemia. Al contrario, lo que se observa en países con alta tasa de vacunación en adultos es que el relajamiento que se genera ante la sensación de seguridad que ofrecen las vacunas ha incrementado de manera significativa el número de casos, incluyendo los de niños y jóvenes.

Si a esto le sumamos la dispersión de las nuevas variantes, en México y en el mundo estamos transitando a un nuevo paradigma donde la tasa de contagio se desacopla del número de casos graves y de muertes, acelerándose.

Cabe recordar que en México se decidió desde el principio de la pandemia considerar como criterio maestro para el establecimiento del semáforo epidemiológico la ocupación hospitalaria. Es por eso que en las últimas semanas, ante la reducción en el número de casos graves y a pesar del incremento constante de casos leves, el gobierno tomó la decisión de desmantelar unidades especializadas en Covid-19 despidiendo al personal médico .

En este momento nos encontramos en un punto donde se conjuntan la escasez crónica de pruebas diagnósticas y el desacoplamiento entre los diferentes componentes de la pandemia por el efecto combinado de la vacunación y la aparición de nuevas variantes, obligándonos a repensar la forma cómo se debe monitorear el avance de la crisis sanitaria.

Los primeros síntomas de que no hemos entendido bien este cambio de paradigma los estamos observando en las penínsulas, donde la alta tasa de movilidad generada por el turismo internacional ha disparado de manera alarmante el número de casos, por arriba de los observados durante la crisis de enero. La situación más grave en este momento es la de Baja California Sur pero se comienzan a detectar en otros estados los primeros indicios de lo que amenaza en convertirse en la tercera ola de la pandemia en México.

Esta tercera ola nos encuentra física, emocional y económicamente desgastados. Por lo pronto y aunque el semáforo oficial esté en verde, es indispensable mantener las medidas preventivas como son el uso forzoso de cubrebocas, evitando reducir al mínimo el número de contactos con otras personas así como la permanencia en espacios cerrados o mal ventilados. Mientra más rápido asimilemos el cambio de paradigma más preparados estaremos para afrontar lo que nos depare la pandemia.


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