/ sábado 8 de febrero de 2020

Alas al carbón Paty

No se si sea la energía que rodea a las pirámides de Teopanzolco, la nostalgia de beber directo del envase o la sorpresa que te causa descubrir que el lugar por el que has pasado siempre, se transforma cada noche en algo que ni imaginabas, pero las Alitas al Carbón Paty, han sido para mi, un descubrimiento inesperado.

Cuando unos amigos me dijeron que cayera por unas alitas, en primer lugar me costó trabajo creer que era correcta la ubicación que me mandaron. Decía Avenida Teopanzolco, sin embargo esta parte de la avenida se encuentra ubicada por la parte de atrás del Museo Teopanzolco, justo unos metros antes de llegar a las oficinas de la CFE.

Al llegar, tres mesas de plástico atascadas de clientes sobre el carril de baja de la calle, me confirmaron que algo estaban ofreciendo ahí, que valía la pena incluso esperar mesa.

Adentro, en el primer localito, dos mesas más y una mesa de piso con bancos también llenos. A la derecha, entrando por una puerta angosta otro tanto de mesas repletas. Pero sin duda, cuando vas al fondo por el pasillo en que debes agacharte para librar la altura y levantas la mirada, nunca te esperas que se trate de un jardín amplio, donde los anafres están a todo lo que dan para servirte unas auténticas alitas al carbón.

Si llegas después de las 8 de la noche no hay lugar. Tendrás que esperar a que salgan unos para poder sentarte, pero una vez dentro, puede que ya no quieras salir.

Y es que lo rústico del concepto, parece atraer a la banda, a la que parece no importarle las incomodidades.

La chela llega en su presentación mega, acompañada de un vaso desechable escarchado y las alitas aunque tardadas, aparecen calientes pero sobre todo, doraditas y con un sabor especial que de inmediato, te hace arrepentirte de no haber pedido más de un jalón.

Pero sobre todo, algo que conquista de las Alas al Carbón Paty, es que de la puerta para adentro, parace no haber preocupaciones, problemas, ni diferencias, por el contrario, se respira la armonía de la felicidad colectiva.

Por si no fuera suficiente, cuando pides la cuenta, no te embaucan y generalmente hasta te sobra.

Las Alas al Carbon Paty están hasta en Maps y por lo pronto, yo me hice el propósito de regresar esta misma semana por otras serpentinas bien elásticas.


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No se si sea la energía que rodea a las pirámides de Teopanzolco, la nostalgia de beber directo del envase o la sorpresa que te causa descubrir que el lugar por el que has pasado siempre, se transforma cada noche en algo que ni imaginabas, pero las Alitas al Carbón Paty, han sido para mi, un descubrimiento inesperado.

Cuando unos amigos me dijeron que cayera por unas alitas, en primer lugar me costó trabajo creer que era correcta la ubicación que me mandaron. Decía Avenida Teopanzolco, sin embargo esta parte de la avenida se encuentra ubicada por la parte de atrás del Museo Teopanzolco, justo unos metros antes de llegar a las oficinas de la CFE.

Al llegar, tres mesas de plástico atascadas de clientes sobre el carril de baja de la calle, me confirmaron que algo estaban ofreciendo ahí, que valía la pena incluso esperar mesa.

Adentro, en el primer localito, dos mesas más y una mesa de piso con bancos también llenos. A la derecha, entrando por una puerta angosta otro tanto de mesas repletas. Pero sin duda, cuando vas al fondo por el pasillo en que debes agacharte para librar la altura y levantas la mirada, nunca te esperas que se trate de un jardín amplio, donde los anafres están a todo lo que dan para servirte unas auténticas alitas al carbón.

Si llegas después de las 8 de la noche no hay lugar. Tendrás que esperar a que salgan unos para poder sentarte, pero una vez dentro, puede que ya no quieras salir.

Y es que lo rústico del concepto, parece atraer a la banda, a la que parece no importarle las incomodidades.

La chela llega en su presentación mega, acompañada de un vaso desechable escarchado y las alitas aunque tardadas, aparecen calientes pero sobre todo, doraditas y con un sabor especial que de inmediato, te hace arrepentirte de no haber pedido más de un jalón.

Pero sobre todo, algo que conquista de las Alas al Carbón Paty, es que de la puerta para adentro, parace no haber preocupaciones, problemas, ni diferencias, por el contrario, se respira la armonía de la felicidad colectiva.

Por si no fuera suficiente, cuando pides la cuenta, no te embaucan y generalmente hasta te sobra.

Las Alas al Carbon Paty están hasta en Maps y por lo pronto, yo me hice el propósito de regresar esta misma semana por otras serpentinas bien elásticas.


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