Daniel Martínez

  / jueves 13 de junio de 2019

Abaratado el debate

En Morelos hay 42 centros de investigación científica. El estado tiene una escolaridad promedio de 9.3 grados (ligeramente arriba de la media nacional) pero hay un buen número de personas con educación superior que se concentran básicamente en las zonas urbanas.

Existen universidades privadas y públicas en número suficiente para atender una población mayor de la que solicita (lo que, junto a la la saturación en las universidades públicas explicaría el fracaso del modelo de negocio de muchas privadas). Además en el estado han radicado excelsos intelectuales que han hecho comunidades relativamente amplias cuya influencia ha sido determinante en el cultivo de una inteligencia local. Diversas localidades han sido lugares de descanso o de operación política de importantes hombres del poder en la historia nacional. También en el estado se han gestado proyectos de consolidación democrática, como el perfeccionamiento de los mecanismos de representación proporcional, la paridad de género desde el registro de las candidaturas, entre otros.

Todo este preámbulo sirve para decir que el estado merecería un debate político de mucha mayor calidad, de más largo alcance, en el que cupieran temas de que hoy consideraríamos de vanguardia, pero resultan elementales para el desarrollo del estado, de su política, su economía y de la sociedad. Temas como el desarrollo sustentable, ciudades inteligentes, el acceso a la información pública útil, gobiernos transparentes, rendición de cuentas, parlamentos abiertos, fomento y calidad del empleo, promoción de inversiones, han quedado desplazados del discurso de los políticos que, en complicidad con algunos irresponsables, se han dedicado al escarceo verbal, al conflicto, al insulto que anula al debate como arma de la política y a la posible solución de los problemas presentes y futuros.

Habrá quienes de inmediato se apresuren a acusar de la baja calidad del debate político local a quienes hoy ocupan los gobiernos estatal y municipales, pero lo cierto es que la erosión de los temas y de su verbalización tiene, por lo menos, lo que va del siglo. Los gobiernos de Sergio Estrada Cajigal, Marco Adame y Graco Ramírez, renunciaron pronto a la discusión de los grandes temas que, en una terrible paradoja, fueron impulsados por los partidos que los postularon. En efecto, Acción Nacional y el PRD en su momento, desde la oposición, habían incluido los temas de democracia, gobierno abierto, combate a la corrupción, desarrollo sustentable, derechos humanos, en su discurso y, aunque algún avance se reportó en esas áreas, el nivel de discusión se fue abaratando hasta llegar al triste capítulo que hoy padece incluso la nueva clase política.

La velocidad y fuerza que los políticos confieren a las redes sociales, el retiro o muerte de actores políticos fundamentales para el estado, la preponderancia del byte sobre el discurso, la facilidad con que se ganan reflectores a través de la diatriba, del insulto, del discurso excluyente parece haber creado una zona de confort para el intercambio político que releva a la comunicación porque carece de contenidos. Se trata de una suerte de expresión (mucho más sensible siempre que racional), y mantiene la degradación de la política en tanto omite el diálogo, que es su instrumento fundamental.

En un problema general, en tanto no sólo el discurso político parece abaratarse, también el público renunció aparentemente a exigir calidad de contenidos. Los ciudadanos deben ser mucho más exigentes con los mensajes que reciben de los políticos que han sacrificado el fondo por la forma, olvidando que puede ofrecerse una verbalización bastante popular de los grandes temas, facilitar la comprensión no se traduce en vaciar el discurso de su contenido elemental. Hay público para el pleito simple, pero a todos interesa la discusión del futuro del estado, urge iniciarla.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

En Morelos hay 42 centros de investigación científica. El estado tiene una escolaridad promedio de 9.3 grados (ligeramente arriba de la media nacional) pero hay un buen número de personas con educación superior que se concentran básicamente en las zonas urbanas.

Existen universidades privadas y públicas en número suficiente para atender una población mayor de la que solicita (lo que, junto a la la saturación en las universidades públicas explicaría el fracaso del modelo de negocio de muchas privadas). Además en el estado han radicado excelsos intelectuales que han hecho comunidades relativamente amplias cuya influencia ha sido determinante en el cultivo de una inteligencia local. Diversas localidades han sido lugares de descanso o de operación política de importantes hombres del poder en la historia nacional. También en el estado se han gestado proyectos de consolidación democrática, como el perfeccionamiento de los mecanismos de representación proporcional, la paridad de género desde el registro de las candidaturas, entre otros.

Todo este preámbulo sirve para decir que el estado merecería un debate político de mucha mayor calidad, de más largo alcance, en el que cupieran temas de que hoy consideraríamos de vanguardia, pero resultan elementales para el desarrollo del estado, de su política, su economía y de la sociedad. Temas como el desarrollo sustentable, ciudades inteligentes, el acceso a la información pública útil, gobiernos transparentes, rendición de cuentas, parlamentos abiertos, fomento y calidad del empleo, promoción de inversiones, han quedado desplazados del discurso de los políticos que, en complicidad con algunos irresponsables, se han dedicado al escarceo verbal, al conflicto, al insulto que anula al debate como arma de la política y a la posible solución de los problemas presentes y futuros.

Habrá quienes de inmediato se apresuren a acusar de la baja calidad del debate político local a quienes hoy ocupan los gobiernos estatal y municipales, pero lo cierto es que la erosión de los temas y de su verbalización tiene, por lo menos, lo que va del siglo. Los gobiernos de Sergio Estrada Cajigal, Marco Adame y Graco Ramírez, renunciaron pronto a la discusión de los grandes temas que, en una terrible paradoja, fueron impulsados por los partidos que los postularon. En efecto, Acción Nacional y el PRD en su momento, desde la oposición, habían incluido los temas de democracia, gobierno abierto, combate a la corrupción, desarrollo sustentable, derechos humanos, en su discurso y, aunque algún avance se reportó en esas áreas, el nivel de discusión se fue abaratando hasta llegar al triste capítulo que hoy padece incluso la nueva clase política.

La velocidad y fuerza que los políticos confieren a las redes sociales, el retiro o muerte de actores políticos fundamentales para el estado, la preponderancia del byte sobre el discurso, la facilidad con que se ganan reflectores a través de la diatriba, del insulto, del discurso excluyente parece haber creado una zona de confort para el intercambio político que releva a la comunicación porque carece de contenidos. Se trata de una suerte de expresión (mucho más sensible siempre que racional), y mantiene la degradación de la política en tanto omite el diálogo, que es su instrumento fundamental.

En un problema general, en tanto no sólo el discurso político parece abaratarse, también el público renunció aparentemente a exigir calidad de contenidos. Los ciudadanos deben ser mucho más exigentes con los mensajes que reciben de los políticos que han sacrificado el fondo por la forma, olvidando que puede ofrecerse una verbalización bastante popular de los grandes temas, facilitar la comprensión no se traduce en vaciar el discurso de su contenido elemental. Hay público para el pleito simple, pero a todos interesa la discusión del futuro del estado, urge iniciarla.

Twitter: @martinellito

Correo electrónico: dmartinez@elsoldecuernavaca.com.mx

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