César Arenas

  / jueves 24 de enero de 2019

25 años atrás: debates, opiniones y lecciones

Para muchos historiadores, un cuarto de siglo es tiempo suficiente para cambiar el rumbo de una sociedad. Hace 25 años, fuimos testigos de una de las crisis financieras más profundas que México haya sufrido. El “error” de diciembre de 1994 y el ambiente nacional de los siguientes meses aún permanecen en la memoria hasta nuestros días.

La crisis no se resolvió en 90 días como auguraba Hermilio Blanco. Junto con la crisis de la economía seguía en el debate nacional el surgimiento del EZLN y las crisis de gobernabilidad política en Tabasco, Veracruz y S.L.P. Ambos factores generaban una mayor presión e incertidumbre en el país.

Aunque Salinas rechaza hablar de la crisis, muchos priistas comenzaban a reconocer los excesos administrativos y los errores del modelo económico. Los actores políticos de la oposición exigían llevar a juicio al expresidente y a sus funcionarios económicos. Mientras que Ernesto Zedillo convocaba a todas las fuerzas políticas y la oposición exigía discutir temas, agendas y prioridades.

Para resolver la crisis, la derecha pedía eliminar burocracia y gastos, una mayor rendición de cuentas y hacer comparecer a funcionarios de alto nivel. La izquierda, pedía proteger la economía popular, el salario y el petróleo, mantener salarios, impulsar programas de desarrollo, bajar tasas de interés y transitar hacia un cambio de modelo económico.

Las fuerzas políticas aceptaban el llamado presidencial para firmar un acuerdo político nacional, pero condicionado. La urgencia de conseguir acuerdos y retomar el control del país era urgente por razones económicas y políticas. El Gobierno necesitaba replantearse orgánicamente para tomar decisiones y generar certezas ante la incertidumbre. De ahí que comenzara desde entonces la idea de impulsar una reforma del Estado.

Las instituciones económicas (Hacienda y Banxico) luchaban por controlar las variables macroeconómicas. Desde Hacienda se buscó el apoyo económico de EEEUU y de los organismos internacionales para rescatar la economía nacional y promover inversiones extranjeras. Sin embargo, también hubo condicionantes externos. México debía llevar a cabo una “transición hacia la economía global y la democracia”, así como vender empresas nacionales como Ferronales, Pemex y CFE.

Por su parte, el EZLN convocaba a sumarse al movimiento para la liberación nacional, tratando de hacer empatía no sólo con la causa indígena sino también con los millones de familias que perdían empleos o veían afectaciones a su economía por la carestía. Todos estaban perdiendo algo con la crisis: deudas, carteras vencidas, bancarrota e insolvencia en las empresas. De ahí que algunos pidieran la protección y reubicación de las industrias en riesgo.

La firma del Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica a principios de enero, fue el comienzo de una nueva lógica de entender e intervenir en la economía nacional que ha prevalecido desde entonces. Tanto forma, como fondo fueron diseñados y procesados bajo los cánones ortodoxos.

Hacer una reflexión retrospectiva de lo sucedido en estos meses pero de hace 25 años es para no olvidar nuestro pasado, presente y futuro. Lo que se prometió y lo que se pudo lograr. Los que resultaron ganadores y quienes fueron perdedores.

Para muchos historiadores, un cuarto de siglo es tiempo suficiente para cambiar el rumbo de una sociedad. Hace 25 años, fuimos testigos de una de las crisis financieras más profundas que México haya sufrido. El “error” de diciembre de 1994 y el ambiente nacional de los siguientes meses aún permanecen en la memoria hasta nuestros días.

La crisis no se resolvió en 90 días como auguraba Hermilio Blanco. Junto con la crisis de la economía seguía en el debate nacional el surgimiento del EZLN y las crisis de gobernabilidad política en Tabasco, Veracruz y S.L.P. Ambos factores generaban una mayor presión e incertidumbre en el país.

Aunque Salinas rechaza hablar de la crisis, muchos priistas comenzaban a reconocer los excesos administrativos y los errores del modelo económico. Los actores políticos de la oposición exigían llevar a juicio al expresidente y a sus funcionarios económicos. Mientras que Ernesto Zedillo convocaba a todas las fuerzas políticas y la oposición exigía discutir temas, agendas y prioridades.

Para resolver la crisis, la derecha pedía eliminar burocracia y gastos, una mayor rendición de cuentas y hacer comparecer a funcionarios de alto nivel. La izquierda, pedía proteger la economía popular, el salario y el petróleo, mantener salarios, impulsar programas de desarrollo, bajar tasas de interés y transitar hacia un cambio de modelo económico.

Las fuerzas políticas aceptaban el llamado presidencial para firmar un acuerdo político nacional, pero condicionado. La urgencia de conseguir acuerdos y retomar el control del país era urgente por razones económicas y políticas. El Gobierno necesitaba replantearse orgánicamente para tomar decisiones y generar certezas ante la incertidumbre. De ahí que comenzara desde entonces la idea de impulsar una reforma del Estado.

Las instituciones económicas (Hacienda y Banxico) luchaban por controlar las variables macroeconómicas. Desde Hacienda se buscó el apoyo económico de EEEUU y de los organismos internacionales para rescatar la economía nacional y promover inversiones extranjeras. Sin embargo, también hubo condicionantes externos. México debía llevar a cabo una “transición hacia la economía global y la democracia”, así como vender empresas nacionales como Ferronales, Pemex y CFE.

Por su parte, el EZLN convocaba a sumarse al movimiento para la liberación nacional, tratando de hacer empatía no sólo con la causa indígena sino también con los millones de familias que perdían empleos o veían afectaciones a su economía por la carestía. Todos estaban perdiendo algo con la crisis: deudas, carteras vencidas, bancarrota e insolvencia en las empresas. De ahí que algunos pidieran la protección y reubicación de las industrias en riesgo.

La firma del Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica a principios de enero, fue el comienzo de una nueva lógica de entender e intervenir en la economía nacional que ha prevalecido desde entonces. Tanto forma, como fondo fueron diseñados y procesados bajo los cánones ortodoxos.

Hacer una reflexión retrospectiva de lo sucedido en estos meses pero de hace 25 años es para no olvidar nuestro pasado, presente y futuro. Lo que se prometió y lo que se pudo lograr. Los que resultaron ganadores y quienes fueron perdedores.

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