/ lunes 24 de mayo de 2021

2021: Oportunidad única

El politólogo, Juan Linz argumenta que los sistemas parlamentarios funcionan mejor con partidos disciplinados, y esto también fortalece el funcionamiento de los sistemas presidenciales, pues la excesiva indisciplina dificulta la relación razonable y estable entre el gobierno, los diversos partidos y la rama legislativa. Un mínimo de disciplina partidaria ayuda al presidente a lograr acuerdos estables en el congreso, acuerdos que los legisladores podrían respetar y cumplir.

En los regímenes democráticos donde prevalezca la indisciplina partidaria y legislativa poco puede asegurarse el cumplimiento de los pactos políticos de conciliación y acciones de gobierno. En estas condiciones, el presidente se ve fuertemente inclinado a apoyarse en bases políticas que alientan el clientelismo y el patronazgo. La disciplina partidaria dependerá de la forma en que organiza la elección de candidatos, dado que así los legisladores tienen incentivos para seguir la línea del partido y para ser considerado a contender en elecciones.

Linz también determina que la fragmentación del sistema de partidos incrementa el conflicto y la indisciplina partidaria, proponiendo que se limite la fragmentación partidaria o bien se logre formar frecuentemente coaliciones de gobierno y de iniciativas legislativas, para así asegurar que se guarde un mínimo de disciplina en los partidos contendientes.

Siguiendo a Linz, estamos de acuerdo en que el sistema democrático, ya sea parlamentario o presidencial, pero especialmente el último por ser nuestro contexto, requiere de un mínimo de disciplina por parte de los partidos políticos, puesto que fortalece la legitimidad del sistema en su conjunto.

Nuestra democracia requiere congruencia tanto del partido en el gobierno como de la oposición para que podamos aspirar a niveles más estables de democratización. Sin embargo, no apoyamos la propuesta de limitar la fragmentación del sistema de partidos, puesto que México ha luchado por la representación de las minorías que buscan incidir en las decisiones gubernamentales. La disciplina de partido debería buscarse por la vía de las coaliciones y negociación parlamentaria.

En ese sentido, la propuesta del autor contempla la limitación de la fragmentación de partidos a partir de cambios en el sistema electoral en los siguientes puntos: teniendo un formato para la elección presidencial de mayoría relativa en una sola vuelta, tener elecciones presidenciales y legislativas sincrónicas y establecer una magnitud de distrito electoral relativamente baja o un umbral de votación alto. Todo esto incluso con el sistema de representación proporcional.

Se descarta la segunda vuelta con mayoría absoluta puesto que alienta la fragmentación en el campo de la contienda para la presidencia de una forma aún más perversa y chantajista, lo que lacera el espíritu democrático. Lo que sí se busca destacar es la importancia de que las elecciones presidenciales y legislativas sean sincrónicas, dado que genera una tendencia importante por votar al partido que postula el candidato presidencial junto a sus legisladores, asegurando así que el presidente tenga mayoría parlamentaria y consiga el apoyo suficiente para hacer funcional su gobierno.

Para el régimen semipresidencial pueden funcionar bien las elecciones no simultáneas por la naturaleza del poder presidencial más débil y los incentivos de la asamblea parlamentaria. El problema de la disciplina partidaria que, pretende el plan del presidente, López Obrador consiste según sus palabras en una obediencia a ciegas que, ha ido aislando y sometiendo no sólo a los adversarios, sino a los aliados primigenios.

Lo que sí ha cambiado es la realidad que, le ha despintado su plan de cara a la hegemonía pretendida desde 2021, lo mismo en el escenario político doméstico que global y, los golpes al corazón mismo de su gestión por los acontecimientos en la línea 12 del Metro y el intervencionismo presidencial en la elección son el testimonio vivo de que la política nunca duerme y de la oportunidad única en su género para oposiciones, clases medias y ciudadanos al recate de la democracia.

Facebook: Daniel Adame Osorio.

Instagram: @danieladameosorio.

Twitter: @Danieldao1

El politólogo, Juan Linz argumenta que los sistemas parlamentarios funcionan mejor con partidos disciplinados, y esto también fortalece el funcionamiento de los sistemas presidenciales, pues la excesiva indisciplina dificulta la relación razonable y estable entre el gobierno, los diversos partidos y la rama legislativa. Un mínimo de disciplina partidaria ayuda al presidente a lograr acuerdos estables en el congreso, acuerdos que los legisladores podrían respetar y cumplir.

En los regímenes democráticos donde prevalezca la indisciplina partidaria y legislativa poco puede asegurarse el cumplimiento de los pactos políticos de conciliación y acciones de gobierno. En estas condiciones, el presidente se ve fuertemente inclinado a apoyarse en bases políticas que alientan el clientelismo y el patronazgo. La disciplina partidaria dependerá de la forma en que organiza la elección de candidatos, dado que así los legisladores tienen incentivos para seguir la línea del partido y para ser considerado a contender en elecciones.

Linz también determina que la fragmentación del sistema de partidos incrementa el conflicto y la indisciplina partidaria, proponiendo que se limite la fragmentación partidaria o bien se logre formar frecuentemente coaliciones de gobierno y de iniciativas legislativas, para así asegurar que se guarde un mínimo de disciplina en los partidos contendientes.

Siguiendo a Linz, estamos de acuerdo en que el sistema democrático, ya sea parlamentario o presidencial, pero especialmente el último por ser nuestro contexto, requiere de un mínimo de disciplina por parte de los partidos políticos, puesto que fortalece la legitimidad del sistema en su conjunto.

Nuestra democracia requiere congruencia tanto del partido en el gobierno como de la oposición para que podamos aspirar a niveles más estables de democratización. Sin embargo, no apoyamos la propuesta de limitar la fragmentación del sistema de partidos, puesto que México ha luchado por la representación de las minorías que buscan incidir en las decisiones gubernamentales. La disciplina de partido debería buscarse por la vía de las coaliciones y negociación parlamentaria.

En ese sentido, la propuesta del autor contempla la limitación de la fragmentación de partidos a partir de cambios en el sistema electoral en los siguientes puntos: teniendo un formato para la elección presidencial de mayoría relativa en una sola vuelta, tener elecciones presidenciales y legislativas sincrónicas y establecer una magnitud de distrito electoral relativamente baja o un umbral de votación alto. Todo esto incluso con el sistema de representación proporcional.

Se descarta la segunda vuelta con mayoría absoluta puesto que alienta la fragmentación en el campo de la contienda para la presidencia de una forma aún más perversa y chantajista, lo que lacera el espíritu democrático. Lo que sí se busca destacar es la importancia de que las elecciones presidenciales y legislativas sean sincrónicas, dado que genera una tendencia importante por votar al partido que postula el candidato presidencial junto a sus legisladores, asegurando así que el presidente tenga mayoría parlamentaria y consiga el apoyo suficiente para hacer funcional su gobierno.

Para el régimen semipresidencial pueden funcionar bien las elecciones no simultáneas por la naturaleza del poder presidencial más débil y los incentivos de la asamblea parlamentaria. El problema de la disciplina partidaria que, pretende el plan del presidente, López Obrador consiste según sus palabras en una obediencia a ciegas que, ha ido aislando y sometiendo no sólo a los adversarios, sino a los aliados primigenios.

Lo que sí ha cambiado es la realidad que, le ha despintado su plan de cara a la hegemonía pretendida desde 2021, lo mismo en el escenario político doméstico que global y, los golpes al corazón mismo de su gestión por los acontecimientos en la línea 12 del Metro y el intervencionismo presidencial en la elección son el testimonio vivo de que la política nunca duerme y de la oportunidad única en su género para oposiciones, clases medias y ciudadanos al recate de la democracia.

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Twitter: @Danieldao1

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